sábado, 17 de octubre de 2026

¿SE ESTÁ CONVIRTIENDO EL PNV EN UN DEPARTAMENTO DE LAS CONSULTORAS? (Remitido)

¿Quién manda realmente en el partido y qué está pasando con sus Organizaciones Territoriales?

Lo ocurrido con Elixabete Etxanobe e Ibone Bengoetxea en Bizkaia debería hacernos reflexionar sobre algo bastante más profundo que un simple cambio de candidatura.

Porque el verdadero problema no es solamente quién entra o quién sale, sino quién decide, desde dónde se decide y a qué intereses pueden responder determinadas decisiones.

Resulta difícil entender que una diputada general a la que meses antes se le había confirmado su continuidad termine siendo apartada sin unas explicaciones suficientemente claras. Y más difícil todavía resulta comprenderlo en un partido que históricamente ha hecho de su organización interna, sus batzokis y el respeto a sus afiliados una de sus principales fortalezas.

Pero quizá estemos asistiendo a un fenómeno nuevo, o al menos a una evolución preocupante de algo que lleva años desarrollándose.

Durante décadas, las grandes consultoras han encontrado en las administraciones públicas un importante mercado. Asesoran a gobiernos, diseñan estrategias, elaboran proyectos y participan en numerosas decisiones de gestión institucional.

Hasta ahí, nada que objetar, siempre que exista transparencia y una separación clara entre los intereses públicos y privados. Pero ¿Qué ocurriría si algunas consultoras hubieran decidido dar un paso más? ¿Y si, en lugar de esperar a que las instituciones las llamen para hacer negocio, pretendieran influir directamente en las estructuras de los partidos que gobiernan esas instituciones?

Puede parecer una barbaridad, pero existen precedentes internacionales de organizaciones empresariales que han adquirido una influencia extraordinaria sobre estructuras políticas y administraciones públicas.

Y aquí es donde las relaciones entre antiguos dirigentes, responsables orgánicos y profesionales de grandes consultoras merecen una reflexión seria.

No se trata de afirmar sin pruebas que exista una operación organizada para controlar el PNV. Pero tampoco parece razonable renunciar a preguntarse qué intereses pueden estar detrás de determinadas decisiones y quiénes participan realmente en ellas.

Porque una cosa es que las consultoras trabajen para las instituciones y otra muy distinta sería que las instituciones y las organizaciones políticas acabaran funcionando como departamentos de esas mismas consultoras.

Y mientras tanto, Álava-Araba, en un islote.

Mientras en Bizkaia se mueven las piezas del poder y Gipuzkoa, pese a sus propios problemas de organización, todavía guarda algún as en la manga, Álava-Araba parece vivir una realidad completamente distinta.

Un Territorio cada vez más aislado políticamente, pendiente de las decisiones que llegan desde Bizkaia y que, en mi opinión, está perdiendo capacidad de organización, iniciativa y movilización.

Lo que debería ser una organización territorial fuerte, con personalidad propia y capacidad para desarrollar su proyecto político, parece haberse instalado en una preocupante dinámica de dependencia.

Y aquí es inevitable hablar de José Antonio Suso.

Formalmente dejó la presidencia del Araba Buru Batzar, que hoy ocupa Jone Berriozabal pero mi impresión es que su influencia continúa siendo determinante entre bastidores.

¿Se produjo realmente un relevo en la dirección alavesa o simplemente cambiaron los nombres mientras el poder seguía en las mismas manos?

Suso debía haber cerrado su etapa y permitido una renovación real de la organización. Sin embargo, desde mi punto de vista, esa etapa sigue sin cerrarse.

Y considero que esa situación está perjudicando seriamente al PNV en Álava-Araba.

Porque una organización política difícilmente puede renovarse si quienes ya han abandonado sus responsabilidades siguen teniendo una influencia decisiva sobre las decisiones de quienes oficialmente las ejercen.

Tampoco puede avanzar si sus dirigentes están más preocupados por mantener los equilibrios internos y las relaciones con otros Territorios que por fortalecer sus propias Organizaciones Municipales.

¿Dónde está la capacidad de movilización? ¿Dónde está la iniciativa política? ¿Qué está ocurriendo con la participación de los afiliados y la vida de los batzokis?

Son preguntas que deberían preocuparnos mucho más que el reparto de cargos.

Álava-Araba no puede limitarse a esperar instrucciones de Bizkaia. Necesita recuperar personalidad, liderazgo, organización y presencia social.

Y eso exige que quienes dirigen oficialmente el partido puedan hacerlo con libertad, sin tutelas ni poderes que actúen desde la sombra.

Un partido no es una empresa.

El PNV no nació en el despacho de ninguna consultora ni se construyó mediante estrategias empresariales. Nació de una idea, de un compromiso con Euskadi y del trabajo de generaciones de afiliados que levantaron una organización desde sus municipios, sus batzokis y sus estructuras territoriales. Esa ha sido siempre su verdadera fuerza.

Por eso resulta preocupante que las decisiones políticas puedan terminar alejándose cada vez más de la militancia y concentrándose en círculos reducidos, donde las relaciones personales, empresariales o de poder lleguen a tener más importancia que los propios procedimientos internos.

Y lo que sucede en Bizkaia no debería analizarse separadamente de lo que ocurre en Álava-Araba.

Son situaciones diferentes, pero ambas plantean una misma pregunta: ¿Hasta qué punto conservan los afiliados y las Organizaciones Territoriales la capacidad real de decidir sobre su futuro?

Porque el riesgo no es solamente que determinadas personas acumulen demasiado poder. El riesgo es que el partido termine perdiendo aquello que lo hizo diferente: una organización viva, participativa, territorialmente equilibrada y vinculada a su sociedad.

Los dirigentes pasan. Las consultoras hacen sus negocios. Los cargos institucionales cambian.

Pero el Partido debe permanecer, y debe hacerlo al servicio de su proyecto político y de sus afiliados, no de intereses particulares ni de quienes pretendan ejercer el poder sin asumir públicamente la responsabilidad de sus decisiones.

El PNV puede soportar un cambio de candidatos, una crisis interna e incluso una etapa de malos resultados. Lo que no puede permitirse es perder su independencia, su capacidad de organización y el protagonismo de su militancia.

Porque, si algún día las decisiones dejan de tomarse en los órganos del partido y empiezan a decidirse realmente en otros despachos, tendremos que preguntarnos si seguimos hablando de la misma organización que construyeron generaciones de jeltzales.

Y esa es una reflexión que debería preocuparnos a todos.

viernes, 16 de octubre de 2026

OCHO REFLEXIONES

1ª. ¿Alguno de estos es un líder mediocre?

En que momento hemos normalizado que los líderes de los principales partidos de españoles no lleguen ni a ser mediocres si no que están por debajo de la media.

¿Sería esto aceptable en alguna de las principales corporaciones del país, o se buscan los mejores?

¿Alguno de estos es un líder mediocre?

Juan Roig-Mercadona

Ana Botín-Banco Santander

Marta Ortega-Inditex

Ignacio Sánchez Galán-Iberdrola

Josu Jon Imaz-Repsol

Gonzalo Gortázar-CaixaBank

Carlos Torres Vila-BBVA

Antonio Huertas-Mapfre

Marc Murtra-Telefónica

Florentino Pérez-ACS

Entonces si cualquier corporación tiene a los mejores, ¿Por qué tenemos imbéciles como dirigentes? Ahí queda la reflexión. Luego no nos quejemos.


2ª. Más de 50 años "normalizando".

Otra cosa que se ha normalizado es que el día nacional español, antiguo "Día de la Raza" (Día del Genocidio Indígena), se celebrase con un desfile con 4400 militares y que Felipe Sexto llegase en el mismo Rolls Royce que el genocida Franco. En USA, el 4 de julio se celebra principalmente con actos patrióticos, fuegos artificiales y desfiles civiles. Lo de los desfiles militares es típico de las autocracias.

Como pueden ver, hemos heredado todas las mierdas des franquismo. Olé por todos los líderes políticos que pasaron de ir a esa mierda del desfile de la cabra.


3ª. El peor enemigo a la izquierda del PSOE es la izquierda a la izquierda del PSOE.

Nos dice Ferran Jiménez Morales: Me da igual el nombre, me da igual quien encabece, me da igual el reparto de puestos, y me la trae completamente al pairo como lleguéis a acordarlo. Pero si tal como está el país, con la gente en la calle, una Huelga General convocada para el 11N y los nazis a las puertas del gobierno, no sois capaces de ofrecernos una puñetera papeleta que meter en la urna, deberíais iros todos a casa.

Ah, y para las provincias pequeñas y el senado, una única candidatura de toda la izquierda, PSOE incluido.

Y no me contéis cuentos. El que por interés personal o partidista impida esto, ponga la excusa que ponga (que quiero un puesto más de salida en Madrid o que si no hay primarias rompo el juguete, o lo que sea) perderá toda legitimidad para representar a nadie ni a nada.

Tenéis poco más de una semana. La ciudadanía está a la altura. Los movimientos sociales y los sindicatos también. No la jodáis vosotros, por favor.

todo es un despropósito, ERC de centro izquierda asociándose con Podemos en Catalunya y con Bildu al senado.  El que iba a ser el líder de las izquierdas en el Estado acaba siendo socio de la extrema izquierda cerrando, aun mas, la posibilidad de una candidatura única.


4ª. ¿Debate interno? Esta señora vive en Mordor.

Llegamos a pensar que esta señora debe vivir entre la Extremadura de sus antepasados y su Urnieta natal. ¿Vive en Mordor? ¿Qué coño es eso de la normalidad del debate interno? ¿Qué debate?

Quizá hable de la nueva normalidad, como aquella de la pandemia. Quizá no sepa evaluar el cristo interno que se ha montado pero, como quieras, Maribel: Hay un debate interno -como dicen los críos- que te cagas.

Es preocupante la disociación que impera. Nos toman por tontos y van con el argumentario oficial a todos los sitios.

Ya comienzan a salir encuestas (como la de Sigma2 cuya infografía reproducimos abajo, en las que, con esos resultados, Vaquero sería la única diputada por Gipuzkoa, salvo que las bases decidiesen que quién encabezase la Candidatura fuese Eneko Goia. Entonces, ¿Dónde le encajarían a Maribel Vaquero? Lo decimos porque a esta señora no le pega mucho irse a casa. Una opción sería que Goia le dejase su puesto en la Fundación Sabino Arana para que Maribel le hiciese compañía a Arantxa Tapia.

También, con esta encuesta en la mano, se confirmaría que EAJ-PNV podría obtener solo dos senadores en toda la CAV, lo que sería un fiasco en toda regla.

De ser así, ¿Qué haría Aitor Esteban? Vemos en muchos Países de nuestro entorno europeo que, ante un desastre electoral, el o la líder de turo dimiten de forma inmediata. Dos senadores sería el peor resultado histórico obtenido por el PNV en esos comicios. 


5ª. La encuesta en cuestión.

Lo bueno que tienen esas papeletas sepias de votación para el Senado es que dan la opción de la lista abierta, no siendo necesario votar a todas y todos los candidatos de una misma formación política.

En resumidas cuentas, el presidente del EBB,  Esteban "Sieteporciento", tiene dos frentes abiertos que podrían afectar a su liderazgo en el Partido: Ante un mal resultado electoral en las Elecciones Generales, o si en un proceso electoral interno resultase refrendada Ibone Bengoetxea como candidata a presidir la Diputación Foral de Bizkaia.. 

Todo un papelón aunque, siguiendo la misma lógica, quién tendría que recoger sus bártulos de Sabin Etxea sería Ansola si la revalidada por las bases lo fuese Elixabete Etxanobe.

En cualquier caso, doble papelón para dos personas que, desde mi punto de vista, deberían irse a casa por haber montado este cristo que, inevitablemente, además de a a una militancia en shock emocional, también llega de forma muy negativa al electorado. Y ahí está el "problema".

En Bizkaia, creo que me quieren ponerme a mí de diputado general. Lo digo porque llamo para preguntar, me cogen, y según pregunto el teléfono hace tú tú tú tú 😂😂😂



6ª. ¿Estatutos estirables como un chicle?

Si vas a "mover" en el tiovivo giratorio a una vicelehendakari y forzar una remodelación del Gobierno Vasco que puede afectar a la política nacional, eso es tema de EBB y Asamblea Nacional.

No nos inventamos nada pero (en la imagen tienen reflejado el texto estatutario), al parecer, hay gentes que pretenden saltarse a la torera los vigentes Estatutos Nacionales en función a algo parecido al "porque yo lo valgo".

Si voluntariamente te dotas de una herramienta estatutaria es para cumplirla y el Artículo 69 de los Estatutos Nacionales de 2025 es claro al respecto.

No hacerlo (que posiblemente es lo que hagan) lleva implícita una vulneración del texto estatutario que cualquier afiliado o afiliada (incluida Elixabete Etxanobe) podrían recurrir ante la Comisión de Garantías y Control pero, claro, ahí nos encontramos ante otra incomprensible anomalía democrática: La preside la cuñada del presidente del EBB, Aitor Esteban. 

Pero en esta ocasión podría "beneficiar" a la supuesta recurrente ya que la presidenta de ese órgano no renovado es hermana de Itxaso Atutxa (la que puso a Etxanobe y sus chicas al frente de la Diputación Foral de Bizkaia) y no creo que esté por la labor de no hacer lo que sea por poner palitos al proceso interno a favor de parte, es decir, en contra de Bengoetxea y sus mentores.

No es la primera vez que esa parcial Comisión "familiar" lo ha hecho y, lógicamente, tampoco será la última.


7ª. Encuestas en Euskadi (CAV) al margen de las Elecciones Generales.

El PNV ha quemado sus mercados de crecimiento. La evolución del voto en Bilbao es un indicador. El flujo duda PP-PNV con ganancia para el PNV ha revertido en favor del PP. 

Maribel Vaquero hablaba de su esperanza de que el PNV ganara los votos que Sánchez va a perder por su flanco derecho. Tomás Gómez decía hace unos días que Sánchez ha perdido todos los votos a su derecha, sólo le queda el mercado de extrema izquierda. La ilusión de Vaquero es que ese votante del PSOE prefiera PNV a PP. Hace falta mucho fervor o mucha cara para vender ese planteamiento.

Otro punto débil del PNV son los jóvenes. Está desconectado de una generación que desconfía de la política y de lo institucional. No tienen problemas de identidad. El problema es de confianza y de esperanza.

Las últimas tendencias demoscópicas y estudios de opinión en Euskadi (como los sondeos de EITB Focus) muestran un escenario de alta competencia e igualdad en el espacio político vasco:

  • Pulso ajustado: Se mantiene una pugna muy estrecha entre el PNV y EH-Bildu, con sondeos que apuntan a un reñido empate técnico o márgenes muy estrechos tanto en porcentaje de voto como en representación institucional.

  • Bipartidismo nacionalista: El panorama refleja una consolidación y fortalecimiento de ambas formaciones abertzales principales, concentrando la mayor parte de la atención electoral frente al retroceso o contención de los partidos de ámbito estatal.



8ª. Conclusiones sobre el escenario electoral en Euskadi tras conversaciones con humanos informados y con la IA .

- EAJ-PNV. No es capaz de movilizar, no ya solo a sus bases, si no a las bases de su red clientelar (familias viviendo de su red). Y esa red clientelar no se siente tan obligada a apoyar al Partido en Madrid y es ese el escenario para demostrar descontento con la dirección sin jugarse el puesto. Si bien es cierto que no va a haber una trasferencia de votos a otro partido, si que va a subir su abstención como protesta. Además su estrategia va a ir encaminada a no desgastarse en las Generales, las va a sacrificar para ir mejor en las Municipales y Forales. Madrid, como se ha demostrado, le perjudica al Partido y, por ello, no quiere visibilidad. Con la que viene encima, no va a poder negociar y quiere pasar desapercibido. 

- EH-⁠Bildu. Recoge el voto woke, el de identidad nacional, y el de las confluencias, siendo también, el voto refugio de la izquierda. Además es votar la oposición más recalcitrante contra V 0X. Nos guste más o menos, Matute es uno de los líderes vascos mejor valorado en este momento. 

- ⁠PP. No recoge voto en Euskadi por tener junto a ellos a V 0X, si fuera solo, su incremento sería mucho más mayor. Además hay un electorado muy mayor que defiende el sistema de pensiones y el PP pone en duda el sistema por mucho que hayan cambiado el argumentario de la noche a la mañana.

- ⁠PSE-PSOE. Tiene un caladero importante en el buzo azul y el antiguo cinturón industrial, que mantiene. Recoge el miedo a V 0X (el mayor argumento de Sánchez) y el voto de las confluencias, casi inexistentes en el Territorio vasco. También se beneficia bastante del desencanto con PNV.

jueves, 15 de octubre de 2026

GEROA BAI Y LA DEBILIDAD DEL PNV EN NAVARRA: CUANDO LA COALICIÓN CONDICIONA AL PARTIDO (Remitido)

La aceptación de una estrategia electoral compartida sin una posición propia claramente definida plantea una cuestión de fondo: quién marca el rumbo político de Geroa Bai y qué capacidad tiene el PNV para defender su propia estrategia en Navarra.

El comunicado del 7 de octubre de 2026 de Geroa Bai sobre abrir la puerta a acuerdos electorales para las próximas elecciones generales no debería analizarse únicamente desde la conveniencia de sumar fuerzas en Madrid y parar a la extrema derecha. Para quienes estamos en el nacionalismo vasco la cuestión es bastante más profunda: ¿qué revela esta decisión sobre la fortaleza política del PNV en Navarra, sobre su capacidad para defender una estrategia propia y sobre su posición dentro de Geroa Bai?

Porque el problema no es que se dialogue con otras formaciones políticas. El PNV tiene una larga trayectoria de negociación y de construcción de acuerdos. El problema aparece cuando la política de alianzas deja de ser una herramienta al servicio de un proyecto propio y empieza a determinar los límites de ese proyecto. Y es precisamente ahí donde debemos situar nuestra preocupación.

Una nueva señal de debilidad política del PNV.

La aceptación de este planteamiento puede interpretarse como una nueva señal de debilidad del PNV dentro de Geroa Bai. No porque cualquier acuerdo electoral suponga una renuncia, sino porque una decisión de esta trascendencia debería estar precedida por una posición política propia, definida y reconocible del partido.

El PNV no puede limitarse a aceptar las decisiones que resulten del equilibrio interno de la coalición. Tiene la responsabilidad de defender su propia visión de Navarra, del nacionalismo vasco y de la representación política que necesita la sociedad navarra.

Si la orientación de Geroa Bai termina respondiendo prioritariamente a las posiciones de sus sectores socialverdes, mientras el PNV asume esa orientación sin hacer valer con claridad sus propios planteamientos, la cuestión ya no es solamente electoral. Es una cuestión de autonomía política y de capacidad para influir en las decisiones de la coalición.

Un partido con personalidad política propia no puede conformarse con estar presente en una coalición. Debe tener capacidad efectiva para orientar su rumbo, defender sus prioridades y explicar a la ciudadanía por qué toma unas decisiones y no otras.

De lo contrario, existe el riesgo de que su presencia orgánica se mantenga mientras su capacidad para definir la estrategia política se reduce progresivamente.

¿Quién dirige realmente la estrategia de Geroa Bai?

Esta es la pregunta que deberíamos plantearnos sin rodeos. Geroa Bai es una coalición plural, integrada por sensibilidades políticas distintas. Esa pluralidad puede constituir una fortaleza, siempre que exista un proyecto compartido y que sus integrantes dispongan de capacidad para debatir y defender sus posiciones.

Pero la pluralidad no puede convertirse en una excusa para que el PNV renuncie a ejercer su propia responsabilidad política. Tampoco puede significar que las decisiones estratégicas se adopten atendiendo principalmente a las prioridades de los sectores socialverdes, mientras el nacionalismo jeltzale termina aceptando una posición que no ha definido con suficiente claridad.

Si el PNV considera que una determinada alianza electoral es conveniente, debe explicarlo desde sus propios argumentos. Y si entiende que esa alianza puede debilitar la identidad nacionalista de Geroa Bai o diluir su capacidad de representar una opción diferenciada en Navarra, debe tener la autonomía suficiente para decirlo.

Lo que no parece razonable es que la necesidad de preservar la cohesión de la coalición termine convirtiéndose en un límite permanente a la capacidad del PNV para defender sus planteamientos. La cohesión interna es importante, pero no puede estar por encima de la claridad política. Una coalición no debería mantenerse cohesionada a costa de que una de sus principales fuerzas deje de ejercer plenamente su personalidad.

La autonomía política no consiste en aceptar lo que decide la coalición
La autonomía política de un partido no se mide únicamente por su estructura orgánica, por el número de cargos que ocupa o por su presencia en las instituciones. Se mide, sobre todo, por su capacidad para formular propuestas propias, establecer prioridades y adoptar decisiones de acuerdo con su proyecto político.

Desde esta perspectiva, la aceptación del acuerdo plantea un interrogante incómodo para el PNV: ¿está actuando como una fuerza que contribuye a definir la estrategia de Geroa Bai o como una organización que termina acomodándose a las decisiones que permiten mantener el equilibrio de la coalición?

No se trata de exigir una ruptura ni de negar la legitimidad de las demás sensibilidades que forman parte de Geroa Bai. Se trata de recordar que la cooperación política solo es plenamente legítima cuando ninguna de las partes renuncia a ejercer su responsabilidad ante sus propios militantes y ante la ciudadanía.

El PNV tiene una trayectoria, unos principios y una concepción de Euzkadi que no pueden quedar subordinados a la necesidad de alcanzar consensos internos a cualquier precio. La negociación es parte de la política; la renuncia permanente a defender una posición propia es otra cosa.

Y si esta decisión refleja una dificultad creciente del PNV para hacer valer su criterio dentro de Geroa Bai, entonces el problema merece una reflexión mucho más profunda que la conveniencia de una candidatura conjunta para las elecciones generales.

El riesgo de diluir el proyecto nacionalista en Navarra.

El nacionalismo vasco en Navarra necesita una identidad política reconocible y una estrategia adaptada a la realidad institucional y social del territorio. Su función no puede limitarse a participar en una mayoría parlamentaria ni a facilitar acuerdos entre formaciones que comparten algunos objetivos, pero mantienen diferencias ideológicas y estratégicas relevantes.

La defensa del nacionalismo vasco en Navarra exige que el electorado pueda identificar qué aporta específicamente el PNV y qué distingue su proyecto de las propuestas de otras fuerzas.

Si el debate electoral queda reducido a la necesidad de construir una candidatura amplia para las generales, corremos el riesgo de relegar las preguntas esenciales: qué modelo de Navarra defendemos, qué relación queremos mantener con el conjunto de Euzkadi, qué posición sostenemos ante las instituciones del Estado y qué compromisos estamos dispuestos a asumir para defender nuestros intereses.

No basta con compartir determinados objetivos con otras formaciones para concluir que debemos compartir también una estrategia electoral. Las coincidencias programáticas deben analizarse, los desacuerdos deben explicitarse y las condiciones de cualquier pacto deben negociarse desde una posición de autonomía. La fortaleza del nacionalismo vasco no reside en diluir sus diferencias para facilitar acuerdos, sino en ser capaz de cooperar sin perder su identidad.

El verdadero problema es la ausencia de una estrategia propia.

La cuestión de fondo no es si Geroa Bai debe pactar o no con otras fuerzas políticas en unas elecciones generales. La cuestión es si el PNV dispone de una estrategia propia para Navarra y si tiene la voluntad política de defenderla dentro de la coalición.

Un acuerdo electoral puede ser útil cuando responde a objetivos concretos, ofrece garantías de representación y permite defender mejor un programa compartido. Pero cuando se presenta como una solución en sí misma, aceptando acuerdos tácticos que diluyen aun más nuestras bases políticas, resulta legítimo preguntarse qué proyecto político se está fortaleciendo realmente.

El PNV debería exigir claridad sobre los objetivos de la iniciativa, las condiciones de una eventual candidatura conjunta, la representación que correspondería a cada fuerza y las garantías para mantener una voz propia en Madrid. Y debería hacerlo desde la convicción de que su autonomía no es un obstáculo para la unidad, sino una condición para que esa unidad tenga sentido.

Aceptar una decisión colectiva no es, por sí mismo, una muestra de debilidad. Pero aceptar una orientación estratégica sin haber definido y defendido previamente una posición propia puede terminar consolidando una dinámica en la que el PNV pierda, aún más,  capacidad de influencia dentro de Geroa Bai. Esa es la advertencia que no deberíamos ignorar.

El PNV no puede renunciar a ser protagonista de su propio proyecto.

La lealtad a una coalición no exige silencio. La responsabilidad política no consiste en aceptar todas las decisiones para preservar la estabilidad interna. Y la unidad no puede confundirse con la ausencia de debate.

Si queremos que Geroa Bai siga siendo un instrumento útil para el nacionalismo vasco en Navarra, debemos garantizar que el PNV pueda defender sus posiciones con claridad, influir efectivamente en las decisiones y explicar a la sociedad qué proyecto representa. Porque el problema no es pactar. El problema es llegar a un punto en el que la necesidad de pactar determine de antemano lo que estamos dispuestos a defender.

El PNV no puede conformarse con ser una parte más de Geroa Bai si eso significa renunciar progresivamente a definir su estrategia en Navarra. Debe contribuir a construir la coalición, pero también debe conservar la capacidad de orientar sus decisiones desde un proyecto nacionalista propio.

Porque cuando un partido deja de marcar su rumbo para limitarse a aceptar el que resulta de los equilibrios internos, no solo corre el riesgo de perder influencia dentro de una coalición. También corre el riesgo de debilitar su propia identidad política. Y esa es una cuestión que el PNV debería abordar con claridad, autocrítica y responsabilidad.