Rufián, al principio, traía al Congreso aperos y atrezo, siempre con fondo justiciero y lastimero, como una comparsa gaditana. Luego ya se dedicó sin más a dar guantazos políticos sobrados, guantazos como tufos de patchouli, que se le ven venir como se ve venir el pegajoso perfume oriental.
Rufián, en realidad, es un ventajista. Sólo se mete con poderosos ambiguos o lejanos, como nibelungos, que en realidad no le pueden tocar (meterse con el Poder catalán ya es otra cosa). Y sólo es valiente con quien tiene dominado, como Sánchez, dándole leña al mono, como se decía antes, porque es de goma, o meciéndolo porque el presidente es como un muñeco descoyuntado, entre Pinocho y un dummy de pruebas. A los pobres y proletarios, tan abstractos como sus poderosos, Rufián les trae un menú de estrofillas, mocos, mendrugos y patria (a veces parece un cabo furriel franquista), tan excesivos y en el fondo inútiles como las impresoras o serruchos o lo que fuera que traía antes, como un barbero de la demagogia con sus cosas. Todo lo demás lo hace con caras, cejas y pausas que parecen de billares a medianoche o de telenovela turca. Hasta su imagen es de telenovela turca. Claro que las telenovelas turcas tienen mucho éxito, así que yo creo que esto lo anima bastante con el nuevo proyecto de esta izquierda que también parece, o ha parecido siempre, una telenovela.
A Rufián algunos lo están descartando muy pronto, pero no sé yo qué decir después de verlo en la Prensa cavernaria del Movimiento, esperando en el quicio el porvenir, a la novieta, al mentor o al camello, como si llevara toda la vida así, como si estuviera hecho, ciertamente, para eso. En el programa Polonia, de TV3, le han hecho una imitación poniéndolo, me parece a mí, de Bad Bunny (o a lo mejor era Sergio Ramos, que uno no distingue esa música, esos meneos, ni esas gafotas). Pero era un Bad Bunny (o un Sergio Ramos) que al final se queda sin show, sin público y hasta sin chatarra. Yo creo, sin embargo, que eso no le pasaría a Rufián, que es precisamente todo show, público y chatarra. Rufián ha ido de político a influencer (en sus tuits se nota la dedicación, la concisión y la inverosimilitud de Marie Kondo), y ahora quiere volver a ser político pero sumando followers a los votantes, que no es lo mismo y a veces incluso es lo contrario. Yo creo que Rufián está monetizando mentalmente lo suyo, como el que hace magdalenas de colores en Instagram (uno no es mucho de Instagram, por eso me parece que todo son magdalenas de colores y siempre pongo eso). Pero a lo mejor también Sánchez está monetizando mentalmente a Rufián, ahora que intenta monetizar cualquier cosa.
Rufián podría liderar la izquierda unida / desunida más o menos como cualquier otro, y quizá mejor. Es cierto que es un nacionalista, por lo tanto siempre insolidario, burgués e incluso xenófobo y aristocrático. Y es un republicano que no cree en lo público (lo común) ni en una ley para todos, sino en contratos entre señores y aparceros. Y es un supuesto killer que sólo remata a puerta vacía y como con casco de tupé. También es cierto que un independentista encabezaría la izquierda nacional española, aunque seguramente lo llamarían izquierda plurinacional, que queda más de izquierda y hasta mucho más nacional. Pero, la verdad, la izquierda unida/desunida siempre ha sido contradictoria o caótica, y cuanto más contradictoria o caótica más pura se ha visto a sí misma, o sea que todo esto es ideal para combatir a la ultraderecha.
El Frente Rufián, con nombre ya de guerra, sería una opción temporal mientras se para al fascismo y se divide por fin a los ciudadanos en tribus y caseríos. Ya, luego, que cada cual se vaya a su sitio, también Rufián a su quicio.
Los analistas, los parodistas y hasta a veces el mismo Rufián, con la prudencia de los ambiciosos, parece que lo descartan, pero yo sí lo veo. Entre la cosa turca, la cosa fan, la cosa cañera y la cosa Sanchista (salir en la Prensa del Movimiento como si fuera el Julio Iglesias de la izquierda, o al menos un hijo suyo, dice mucho), a lo mejor no hace falta mucho más. Yo creo que Rufián lo seguirá intentando, que su tiempo glorioso en el Congreso se acaba y puede terminar de concejal o de macarra de Gran Hermano VIP.
Ahora, Rufián va a tener algunos contactos, reuniones o posados para ese proyecto que parece un proyecto para reparar a Humpty Dumpty pero no tiene por qué ser eso. A lo mejor no tienen que estar todos, aunque echen de menos a los de EH-Bildu para parar el fascismo y traernos la libertad, como antaño. A lo mejor basta con otro Sumar y otro ministro de photocall, flequillo vaporoso y frasquito de perfume con perilla. Yo he visto a Rufián en la entrevista, ahí en el quicio, y enseguida he pensado que esperaba a Sánchez con ramo de flores, peine en el bolsillo, chicle de menta y pecho de lobo. Un poco Bad Bunny, un poco telenovela turca.
Esto confirma lo que tiene Rufián de nacionalista catalán. Ahora sólo hace falta que entre también EH-Bildu (que no creo) y ya tenemos eso a lo que se refieren las dos extremas derechas españolas cuando inciden en eso que ya se decía en la segunda mitad de los años 30 del pasado siglo y les ha dado por repetir ahora: Eso de la "España roja".
¡Quién nos iba a decir que se iban a imponer sus genes charnegos! Pues sí, toca citar el típico tópico que viene a decir que "lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas".