viernes, 15 de mayo de 2026

REFLEXIÓN (Por Iraultza)

Escribo estas líneas como militante, desde el Batzoki y desde muchos años en el Partido. No para señalar a nadie, sino para compartir una preocupación que llevo tiempo rumiando, desde el compromiso con el partido y desde la preocupación por el rumbo que estamos tomando.

Hablo del Partido de base... del Partido Nacionalista Vasco... del Partido que muchos hemos conocido y vivido desde dentro. Un Partido con debate, con vida política, con Militancia activa. Un Partido que no era solo una estructura al servicio de la gestión institucional, sino un sitio donde se pensaba, se discutía y se hacía política.

Con el paso del tiempo, casi sin darnos cuenta, hemos ido entrando en una forma de funcionar presidencialista y más tecnocrática. Da la sensación de que se ha instalado la idea de que la Afiliación ya no está en condiciones de debatir documentos ni de participar de verdad en la elaboración de listas. Y eso, dicho claro, a muchos nos preocupa. Cuando se habla de "listas adecuadas", a algunos nos surgen preguntas muy básicas: ¿Quién decide, quién está capacitado y quién no? ¿En qué momento alguien pasa a tener más criterio que el resto? ¿Quién es más que nadie dentro del Partido? Porque, al menos, como siempre he entendido este Partido, aquí no debería haber Militantes de primera y de segunda. La legitimidad nace de la Afiliación.

Y cuando empezamos a desconfiar del criterio de la Afiliación, algo importante se empieza a romper. Muchas veces se dice que la Afiliación no va a los Batzokis ni a las Asambleas. Y algo de verdad hay en ello. Pero no podemos quedarnos solo ahí. No vale con esperar a que vengan. Tenemos que ir nosotros, preguntar por qué no vienen, qué estamos haciendo mal y qué no estamos sabiendo ofrecerles. Seguramente las respuestas no nos gustarán, pero si no estamos dispuestos a escucharlas, mal vamos. Tampoco vale estar siempre culpando al otro.

Si una ejecutiva tiene responsabilidades, también tiene que asumir sus errores y contrastarlos con la Afiliación, que en un Partido de bases es quien manda. Hay que hablar con el afiliado, escuchar qué le preocupa, qué ve mal y qué cree que habría que cambiar. Eso no se hace desde arriba ni desde una atalaya. Se hace yendo donde está la gente, con humildad, como Militantes, no como cargos. Al mismo tiempo, se está proponiendo "reactivar" los Batzokis a base de actividades lúdicas o deportivas. Y no digo que eso esté mal, pero no confundamos las cosas: Somos una organización política. La gente se afilia para hacer política, para debatir, para decidir, para elegir representantes, y no para sustituir la vida política por animación. La Militancia no se activa con entretenimiento, se activa con contenido político. Cuando no hay debate real y las decisiones vienen cerradas desde arriba, lo que se genera no es más implicación, sino más distancia y, al final, desafección.

Otro asunto que no podemos esquivar es el rumbo ideológico: Un Partido necesita una línea clara, reconocible. No puede estar cambiando todo el rato en función de encuestas o estudios sociológicos. La sociedad cambia, claro que sí, pero el proyecto político no puede ir dando bandazos cada vez que sale un sondeo nuevo. Llevamos tiempo modulando el discurso según las encuestas y, sinceramente, creo que ha sido un error. Esto está alejando a la Afiliación y está convirtiendo el Partido en algo jerarquizado, más centrado en cargos que en Militantes.

También se ve cómo muchas ejecutivas dedican gran parte de su tiempo a visitas a empresas, obras o actos institucionales. Eso tendrá su lógica desde las instituciones, pero desde el punto de vista del Partido la prioridad debería ser otra. Ahora mismo hace falta más trabajo interno: Venir a los Batzokis, hablar con la militancia y escuchar qué se piensa de verdad sobre la dirección política y sobre cómo está funcionando el Partido. Mas trabajo silencioso y menos selfis. Y en este punto hay que decir otra cosa que también molesta, pero que conviene decirla: Cuando surgen conflictos entre las estructuras internas del Partido y las estructuras públicas, las ejecutivas -territoriales y Nacional- deberían ser mucho más imparciales. No es de recibo que casi siempre, por no generar ruido, se acabe dando la razón a la estructura pública y se deje a la interna sin respaldo. Eso manda un mensaje nefasto: Que el Partido queda en segundo plano frente al cargo institucional. Y así se debilita la organización, se desautoriza a la Militancia activa y se vacía de contenido el papel de las estructuras internas. La paz interna no se puede mantener sacrificando siempre al Partido.

No voy a negar que darle la vuelta a todo esto es complicado. Hemos pasado de estructuras internas vivas, con discusión y con peso político, a un Partido mucho más simple, apoyado casi solo en cargos. Y eso no se arregla con pequeños retoques ni con medidas de cara a la galería. Hace falta un cambio de fondo: Un reseteo real de la forma de funcionar y, sobre todo, un cambio de mentalidad. Los cargos internos y los cargos públicos tendrían que implicarse mucho más en la vida del Partido, no solo desde su responsabilidad institucional o interna, sino como militantes: Compartiendo debate, trabajo político y espacios comunes, sin distancias artificiales.

En ese mismo sentido, habría que desterrar otra idea que ha ido calando con los años: Que si el Partido te pide asumir una responsabilidad institucional o interna (ambas remuneradas), luego te debe garantizar una salida laboral o un estatus político de por vida. Eso no es sano. La política no puede convertirse en una carrera profesional protegida por el Partido. Así no hay relevos y la organización envejece. El compromiso político tiene que ver con el servicio y con la temporalidad. Entrar y salir forma parte de esto, y asumirlo con normalidad también es sano para el Partido.

Dicho todo esto, quiero dejar claro que no se trata de buscar culpables ni de señalar a nadie en concreto. La situación actual es fruto de decisiones tomadas, pero también de silencios mantenidos. Y precisamente por eso merece una reflexión honesta y a tiempo. No hablo de sensaciones. Hablo de lo que muchos vemos. Cuando la política desaparece del centro de la vida interna y se sustituye por tecnocracia o jerarquía, el Partido se va vaciando por dentro aunque por fuera parezca que todo funciona.

Para terminar, creo de verdad que la salida pasa por volver a lo básico: Devolver el protagonismo a la Afiliación, recuperar un rumbo ideológico claro, reforzar el debate político y asumir con naturalidad que los cargos son temporales. Sin atajos, sin maquillaje, y con política (que es para lo que muchos seguimos aquí).

Comparto esta reflexión, sin ánimo de crear ruido ni polémica. La escribo porque creo que estas cosas hay que decirlas a tiempo. La Militancia ve, escucha y entiende mucho más de lo que a veces se piensa. Puede que hoy las encuestas acompañen pero los problemas de fondo no siempre se ven enseguida. Estas líneas se escriben desde la lealtad y desde el deseo sincero de que, dentro de unos años, no tengamos que decir que nadie lo avisó.


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