jueves, 4 de junio de 2026

ANTE LA AGRESIÓN, TRANSPARENCIA (Por Arantza Zugasti)

"Sucedió hace unos seis años. En aquel entonces, los municipios se llamaban Zarautz y Hernani pero la casuística fue prácticamente la misma. Miembros destacados del entorno de lo que se conoce como izquierda soberanista fueron señalados como autores de varias agresiones a mujeres que, buscando hacer frente a lo sucedido pero conscientes del barullo (y señalamiento) que provocaría denunciarlo, se les planteó como alternativa gestionar la situación a través de cauces 'internos', es decir, sin denuncias formales y con la mediación de distintos agentes de ese entramado social. No hubo mensajes institucionales de repulsa desde instancias municipales. Todo de forma discreta.

La opinión pública conoce de sobra los procedimientos que han llevado a la Iglesia católica a gestionar los abusos que se han dado en su seno durante décadas, apelando a menudo a sus propias leyes y a sus procedimientos de reparación, por lo que cualquiera con dos dedos de frente puede imaginar cómo han podido suceder las cosas todos estos años en Errenteria desde que se tuvo conocimiento de los hechos (que no denuncias) en el caso del entorno de una ‘bertso eskola’ y de un grupo de danza contemporánea. Ambas iniciativas culturales muy respetadas y valoradas por la ciudadanía y, ahí es nada, con un flujo permanente de apoyo institucional. Es decir, de dinero público.

Al igual que sucediera hace seis años, llama la atención que, también en Errenteria, se haya optado por cauces “discretos” a la hora de encarar el asunto y que el Ayuntamiento no haya activado ningún pronunciamiento ni acto de repulsa. Solo la indignación acumulada, el plantón de un grupo de bertsozales la pasada semana exigiendo soluciones a una situación denunciada de forma reiterada y algunas preguntas en el Pleno han movido al Gobierno municipal a reconocer de alguna manera lo que llevaba sucediendo desde hace años. Y dentro de este proceder, se plantean también interrogantes sobre el papel que han jugado plataformas del ámbito feminista que, cual tribunal popular, incluso han monitorizado soluciones personalizadas en uno de los casos, nuevamente de forma discreta.

Ante esta manera de actuar, es lógico preguntarse cuál es la señal que percibe la ciudadanía, de qué sirven las campañas de sensibilización, los servicios de atención y los puntos de denuncia (¿habrá alguno en las próximas fiestas de las Madalenas?) cuando aquí la solución parece pasar por un buen contacto que te resuelva lo sucedido sin grandes líos y con discreción. En todos estos años, y hasta hace apenas unos días, no se han leído manifiestos, no ha habido acuerdos municipales y tampoco se han convocado protestas donde poder expresar la indignación ciudadana y la cercanía hacia las víctimas cuando existen protocolos muy pautados para que los Ayuntamientos lideren en primera persona la denuncia pública ante cualquier agresión. Desgraciadamente, no hay semana en la que no se produzca un acto así en nuestras plazas. Pero en Errenteria, nada de esto ha tenido lugar. El Gobierno municipal tendrá que explicar por qué.

Más de una persona pensará que si las víctimas de estos abusos lo querían así, toca respetarlo. Vaya por delante mi apoyo y solidaridad hacia estas mujeres y el máximo respeto a una decisión que solo ellas pueden tomar, teniendo en cuenta que hablamos de entornos muy próximos. Sin embargo, por mi cabeza sobrevuelan cientos de lemas y consignas que las mujeres gritamos cada 8 de marzo y cada 25 de noviembre exigiendo alzar la voz, señalar al abusador o reivindicar que el problema no es de ellas sino de toda la sociedad. Hemos asumido que su problema es también el nuestro y que la violencia hacia las mujeres no es un asunto personal sino político. Que cualquiera que pase por esta situación nos necesita y necesita de todo un entorno para que la vergüenza cambie de bando.

Y no puedo evitar pensar que aquí también (si, aquí, en Euskal Herria) hay que ser una heroína para denunciar hechos así desde lo más cercano, en medio de la estupefacción general porque un profesor de una escuela de bertsos o un coreógrafo que ha logrado innovar en la danza vasca en medio de unánimes reconocimientos estén señalados por abusar de mujeres (¿algunas de ellas quizá menores?) de su entorno. Pues así es. El abuso -y no solo hacia las mujeres- siempre ha sido un ejercicio de poder. Abusa y maltrata quién puede (o quien cree que puede) y ese comportamiento jerárquico, universal, primario y ancestral, que explica los roles y la organización social de la que formamos parte, no entiende de razas ni de culturas. Y tampoco de banderas."


Lástima que Arantza Zugasti no se haya acordado de los abusos sexuales de determinados miembros (o ex-miembros) de Herri Norte del Athletic Club. Emakunde oraindik ixilik, mutu!!!

2 comentarios:

  1. Anónimo4/6/26 00:40

    es todo postureo y paripe para sacar rédito politico con el rollo feminista ....... pero cuidado la moto es mía y esa no se TOCA, ......Aqui nos conocemos todos /as

    ResponderEliminar
  2. Anónimo4/6/26 00:50

    Si son de Bildu, sin son Magrebíes … todo lo que no se adhiera al relato o dogma cuasi religioso, se oculta.

    La libertad de las mujeres y su seguridad importa, ma non troppo.

    Hay otras prioridades.

    ResponderEliminar