sábado, 22 de agosto de 2026

TONTOCRACIA. EN BUSCA DE LA SENSATEZ PERDIDA (Libros)

Es la primera vez que vemos a tantos titulados superiores que son analfabetos funcionales”.

¿Y si el verdadero problema de nuestro tiempo no fuera la desinformación, sino la pérdida del criterio? ¿Y si la sociedad hubiera empezado a premiar más la apariencia que el conocimiento, más el ruido que la reflexión y más la mediocridad que la excelencia?

Esa es la tesis que defiende Santiago Ávila en Tontocracia. En busca de la sensatez perdida (Ed. Vergara, 2026), un ensayo en el que analiza cómo esa lógica se ha ido instalando en la política, la empresa, la educación o los medios de comunicación.

Doctor en Economía, militar de carrera, profesor universitario y antiguo directivo de grandes empresas, Ávila sostiene que el problema no reside únicamente en quienes ocupan posiciones de poder. A su juicio, la responsabilidad también recae sobre una sociedad que ha dejado de valorar el conocimiento, el esfuerzo y el pensamiento crítico para abrazar la comodidad de las respuestas fáciles. En esta entrevista reflexiona sobre el papel de la educación, el liderazgo, las redes sociales o la inteligencia artificial, pero también sobre la necesidad de formar ciudadanos capaces de pensar por sí mismos.

Pregunta. El libro parte de una afirmación contundente: vivimos en una sociedad que premia la banalidad, castiga la excelencia y ha normalizado la mediocridad. Es una tesis deliberadamente provocadora. Para empezar por el principio, ¿qué es exactamente la tontocracia y por qué cree que vivimos en una?

Respuesta. Bueno, el concepto de tontocracia no lo invento yo. Me refiero al ambiente en el que estamos viviendo, pero hay muchos autores que ya habían hablado de ello. Stephen Covey, por ejemplo, decía que hasta la Segunda Guerra Mundial predominaba la ética del ser y que, después, fue imponiéndose la ética del parecer. Antes un apretón de manos valía más que un contrato; ahora importa mucho más la apariencia que lo que uno realmente es. Vivimos en una apariencia constante.

Y, además, vivimos de forma sobreactuada. En el mundo laboral se habla de felicidad laboral; en la educación, de que los alumnos tienen que ser felices... ¿Pero qué me estáis contando? Se están banalizando conceptos muy importantes. Lo que intento con el libro es pelear contra eso y recuperar un poco el sentido común que, a mi juicio, hemos perdido.

Hoy cualquiera, amparándose en la tecnología, puede decir la mayor barbaridad y, con tal de que la diga con seguridad, tiene una trascendencia enorme. Solo hay que mirar la política: vivimos en la apariencia de la apariencia. Decir la verdad, ser honesto, parece que ya no está de moda. Ahora lo importante es ser un espabilado. Si alguien tiene mucho dinero, aunque lo haya conseguido de forma poco ética, hay quien dice: “Fíjate qué listo”. Y yo creo que contra eso hay que pelear, porque es una miseria moral.

P. Habrá quien lea el libro y piense que siempre ha habido mediocres, oportunistas o charlatanes. ¿Qué hace que este momento sea diferente?

R. Porque ahora la mediocridad está estandarizada. Antes un mediocre era alguien de quien procurabas alejarte. Ahora, muchas veces, es el que triunfa. Lo vemos en la política: en lugar de intentar elevar a la sociedad, muchos dirigentes se limitan a mirar por dónde va la corriente y se suman a ella para captar votos. No tratan de conducirla hacia un lugar mejor, sino de simular que lo hacen. Y eso acaba siendo una gran mentira.

Pero no es un problema exclusivo de la política. Ocurre también en la empresa, en la educación o en la propia sociedad. En cualquier sitio donde hay poder hay luchas por el poder y, muchas veces, acaba promocionándose al mediocre porque resulta menos incómodo que alguien brillante. Lo vi muy pronto. Recuerdo mi primer comité de empresa: cada vez que hacía un comentario para mejorar algo se montaba un revuelo. En un descanso pregunté qué estaba pasando y me dijeron: “Cada vez que dices algo con sentido, quienes no quieren que la empresa cambie utilizan tus palabras para bloquearlo”. Ahí entendí que no todo el mundo estaba trabajando por el bien de la organización; muchos estaban pensando únicamente en cómo salir beneficiados ellos. 

Hay una anécdota del libro que resume muy bien esa lógica. Cuando tenía 14 años, en el colegio organizaban un concurso de belenes. Mi grupo no tenía ninguna intención de esforzarse y acabamos haciendo un belén bastante malo. Estábamos convencidos de que quedaríamos los últimos, pero terminamos en mitad de la clasificación. ¿Por qué? Porque quienes habían hecho los mejores belenes votaban al mediocre para no dar votos a un rival fuerte. Con el tiempo he visto esa misma actitud en la política y en las empresas: a veces no se elige al mejor, sino al que menos amenaza representa.

P. En el libro dedica un capítulo entero a la educación. ¿Por qué cree que es uno de los lugares donde mejor se observa esa deriva?

R. Porque es donde antes se ve. Todo empieza en la familia, pero donde adquiere una presencia mucho más clara es en la educación. Hoy dar clase es prácticamente un imposible. Ya no hablo de la veneración que antes podía existir hacia un buen profesor, sino de algo mucho más básico: se ha perdido el respeto por su autoridad. Muchas familias no aceptan un suspenso porque les complica la vida, y eso acaba trasladándose a las aulas.

En la universidad he tenido alumnos entrando y saliendo de clase constantemente o peinando a una compañera en mitad de la explicación. Y cuando intentas poner límites, pasas a ser un autoritario. Al final muchos profesores ceden porque enfrentarse a esa situación solo les trae problemas.

Pero el perjudicado no es solo el profesor; también lo es el alumno. Si acostumbras a una persona a que nunca tenga un desencuentro académico, cuando llega la vida de verdad no sabe afrontar un fracaso, un problema laboral, una enfermedad o una decepción. Hemos transmitido la idea de que uno viene al mundo a ser feliz, y a mí me parece una falacia terrible. Precisamente por eso mi próximo libro irá contra esa felicidad obligada.

P. Vivimos rodeados de información y, sin embargo, usted sostiene que cada vez hay menos pensamiento crítico. ¿Qué está fallando?

R. El problema no es la información, sino qué hacemos con ella. Hoy tenemos una cantidad enorme de información, pero eso no significa que tengamos más conocimiento. Es la primera vez que vemos a tantos titulados superiores que son analfabetos funcionales. Hay universitarios que terminan una carrera y no saben interpretar un texto o resolver una regla de tres. Y eso es muy serio.

Ahora parece que el conocimiento funciona como un supermercado: necesito algo, voy a la inteligencia artificial, lo cojo y sigo adelante. Pero si no tienes una base previa, tampoco puedes saber si esa respuesta es correcta. A mí me ha ocurrido que algún alumno me ha entregado como suyo un artículo que había escrito yo. Si no tienes conocimiento, no puedes discernir. Primero está la información; después, el conocimiento, que consiste en estructurarla; y solo entonces puedes aplicar inteligencia sobre ese conocimiento.

La IA es muy útil para el conocimiento operativo, para resolver tareas, pero no tiene conocimiento afectivo ni especulativo. No anticipa las consecuencias humanas de una decisión ni tiene una ética. Y por eso me preocupa que muchos jóvenes le estén confiando incluso cuestiones psicológicas. En términos antropológicos, una inteligencia artificial es un psicópata: sabe operar, pero le da igual lo que ocurra desde un punto de vista emocional o ético.

P. ¿Las redes sociales y la inteligencia artificial son la causa del problema o simplemente amplifican algo que ya existía?

R. Son una herramienta. Si el ser está bien construido, pueden ser extraordinarias; si está mal construido, lo único que hacen es amplificar el problema. Antes una tontería se quedaba en la barra de un bar o en una conversación entre amigos, pero ahora cualquiera puede coger un móvil, decir la mayor barbaridad y encontrar miles de personas dispuestas a compartirla. La tecnología no cambia la naturaleza humana; simplemente le da más alcance. Por eso no creo que las redes sociales sean la causa de esta deriva, sino el altavoz de un problema que ya existía.

P. Además de profesor universitario, ha pasado más de dos décadas dirigiendo equipos y ocupando puestos de responsabilidad en grandes empresas. Desde esa experiencia, ¿Cómo se manifiesta la tontocracia dentro de las organizaciones?

R. Se manifiesta cuando el liderazgo deja de buscar a los mejores y empieza a rodearse de personas que no cuestionan nada. Hay directivos que prefieren tener alrededor a aduladores antes que a gente brillante, porque alguien competente siempre resulta más incómodo. Eso acaba empobreciendo a toda la organización.

Un buen líder no necesita que le den siempre la razón; necesita personas que le aporten puntos de vista distintos. Si todos piensan igual, la empresa deja de aprender. Lo he visto muchas veces: se promociona a quien genera menos problemas, no necesariamente a quien más valor aporta. Y así se termina construyendo una cultura donde el servilismo pesa más que el talento.

P. En el libro cuestiona una idea muy instalada en los últimos años: que el objetivo de la educación, del trabajo o incluso de la vida debe ser la felicidad. ¿Qué le preocupa de ese discurso?

R. Me preocupa que se convierta en un eslogan vacío. Yo no voy a trabajar para ser feliz; voy a trabajar para hacer bien mi trabajo. Si además encuentro un buen ambiente, estupendo, pero convertir la felicidad en una obligación genera frustración, porque nadie puede ser feliz permanentemente.

Creo que hemos confundido bienestar con felicidad. Hay trabajos muy duros que merecen la pena y momentos difíciles que también forman parte de una vida plena. Si transmitimos que cualquier incomodidad es un fracaso, estamos educando personas incapaces de afrontar la realidad. La felicidad no puede ser el objetivo de una organización; debería ser, en todo caso, una consecuencia.

P. Después de todo lo que hemos hablado, uno podría concluir que la responsabilidad es de quienes ocupan posiciones de poder. Sin embargo, usted sostiene que también recae sobre el resto de la sociedad. ¿Hasta qué punto somos corresponsables de la tontocracia que denuncia?

R. Somos mucho más corresponsables de lo que nos gusta admitir. Tendemos a pensar que el problema siempre está en quienes ocupan posiciones de poder, pero una sociedad también decide qué comportamientos premia y cuáles tolera. Si dejamos de valorar el conocimiento, el esfuerzo o la honestidad, no podemos sorprendernos cuando quienes llegan arriba representan justamente esos valores que hemos normalizado.

Por eso creo que la solución pasa por formar ciudadanos adultos, con criterio y capaces de pensar por sí mismos. La educación tiene mucho que ver con eso. Una sociedad mejora cuando sus ciudadanos son exigentes consigo mismos y también con quienes aspiran a dirigirla.

Al margen de la entrevista, sobre el libro, destacaríamos este pasaje:

"No pertenece a la familia, y lo máximo a lo que puede aspirar es a ser un «asimilado».

En la empresa familiar el apellido pesa más que el mérito y para algunos que no forman parte de la saga, el peloteo es la única estrategia que les permite ganar «caché» suficiente para sobrevivir.

El criterio para ascender suele ser casi siempre fidelidad, sumisión y obediencia.

La continuidad bajo el amparo de la familia se convierte en una prueba inversa de criterio; cuanto más tiempo se permanece, menos autonomía y carácter se demuestra. El que aguanta mucho suele ser un camaleón, jamás muestra su opinión, solo la que imagina que el 'pater familias' quiere escuchar. Y si alguna vez se atreve a tener criterio propio y a manifestarlo, lo habitual es que se le revuelva a modo de catapulta, es decir, que sea lanzado al vacío antes que tarde.

El jefe «palo muerto».

Por el contrario, este no hace nada, ni siquiera finge actividad. Pertenece a la familia y su cuna es su vacuna: está blindado por sangre, no por méritos. La lucha no va con él, porque su pasividad es su carta de presentación.

Ambos se parecen en lo esencial: no aportan valor y permanecen porque conviene a quien manda.

Este cuadro se vuelve especialmente pintoresco con el «pelota»: No aporta soluciones, solo halagos. Sabe detectar en segundos el humor y las preferencias del jefe y adaptarse al instante."

Les proponemos un ejercicio simple: Vuelvan a leer las últimas líneas y piensen durante 1 minuto. ¿Cuántos nombres y apellidos les han venido a la cabeza? ¿10, 15, 20...?

A nosotros, así, a bote pronto, unos 150...


(*) Entrevista de Nacho Meneses a Santiago Ávila en El PaísEl economista, profesor universitario y autor de "Tontocracia. En busca de la sensatez perdida" advierte de que la sociedad ha dejado de premiar el conocimiento y reclama una educación que forme ciudadanos con criterio.

31 comentarios:

  1. Tiene buena pinta este libro de Santiago Ávila.
    Nunca lo recomendará Pradales porque se vería retratado en él.
    Así que opta por el postureo y alguien le ha dicho que cite a Joël Dicker o Gargamel y Los Pitufos.

    ResponderEliminar
  2. El libro parece pensado para describir la entrevista que acaba de conceder Aburto a su periódico, El Correo, y que acaba de ser publicada.

    Con todo, Aburto es solo un exponente más del sentido de IMPUNIDAD de la mayor parte (si, mayoría) de los cargos electos del PNV. Es una cuestión de IMPUNIDAD. Los dos colectivos que gozan de mayor impunidad en Euskadi son los jovenes del Magreb y el PNV … Y ambas impunidades están intimamente ligadas … Mientras el PNV piensa que puede hacer lo que quiera que seguirán votándole y seguirán en las instituciones no harán nada, nada que no sea aumentar las ayudas y la red de servicios con gente “amiga” proveyéndolos con dinero pi mico financiándolo aumentando el efecto llamada a Euskadi. Mientras los MENAs y JENAs en Euskadi sigan pensando que pueden hacer lo que quieran y recibir ayudas, servicios, vivir en Centros y luego pisos Tutelados más luego RGIs vitalicias, seguirán llamando a sus amigotes en Argelia y Marruecos a que vengan al chollo de Euskadi …

    Esto empezará a cambiar cuando cambiemos su sentido de la impunidad. De MENAs, JENAs … y del actual PNV.

    Empezando con algo tan democrático como es el voto de cada uno. Nuestro voto. El mío. No irá desde luego a alimentar más sentidos de impunidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Landa... Te vas a hinchar entre la entrevista de ayer en Deia a Urtasun y la de hoy en El Correo Español a Aburto. Alguna vez te he oído decir que el pajarito de tu Blog necesita alpiste a diario y, efectivamente, no tienes ni que sembrarlo. No hay día que no te regalen alpiste.

      Eliminar
    2. Hay gente que vota si o si. Ya lo dijo Trump, que si empezaba a tiros en la mitad de Nueva York, seguiría siendo elegido. Aburto y otros igual

      Eliminar
  3. No descubre nada nuevo. Lo curioso es que siendo como es él militar de carrera no lo ponga como ejemplo de lo que critica.

    ResponderEliminar
  4. PNVcracia,gran libro.

    ResponderEliminar
  5. Desde aquí hago un llamamiento a que alguien que quiera bien a Aburto para le diga, por favor, que asuma de una vez que en las próximas elecciones municipales ya no es candidato a la alcaldía de Bilbao. Que lo asuma de una vez y deje de ir lloriqueando en todas las entrevistas que concede, porque da mucha grima.
    Gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aburto no es más que una muestra de toda una tipología de mediocres que lidera el PNV y sus instituciones que piensan más en los suyos (familia, grupos de interés)) que en el interés de la gente que afectan desde su puesto.

      Madrazo como Consejero del Gobierno Vasco y Aburto como Diputado de Acccion Social de la Diputación de Bizkaia, crearon una red de centros y pisos tutelados así como una serie de ayudas para un problema que NO EXISTÍA pero que generó una EFECTO LLAMADA único a Euskadi alimentando desde entonces a docenas de familias de gente sobre todo de entorno PNV y algunos de PSE y antigua IU EB. DOCENAS de fundaciones, ONGs y empresas varias sobre todo de gente cercana al PNV recibiendo cientos de millones de Euros de Gobierno y Diputaciones vascas para dar servicio a la “industria de los MENAS y JENAS” en Euskadi … Todo un lobby, un monstruo que ha creado un fenómeno migratorio específico a Euskadi de jóvenes varones del Magreb con un perfil bajo de preparación, menor de tolerancia hacia otros, especialmente mujeres y colectivo gay, y un gusto alto por las ayudas ..: con consecuencias económicas y sociales y cambios estructurales en nuestra sociedad. Y no a mejor precisamente …

      En Aburto esto ha tenido un punto de Karma. Con todo el problema NO es el. Es el PNV.

      Eliminar
  6. Ituuuuuuuuuurrrrrrrrrrraaaaaaaaatttttttttttrreeeeeee! Sales en el libro! Por fin has logrado ser protagonista de un libro. Te lo mereces. . Jeta

    ResponderEliminar
  7. Coincido en que en EAJ promociona gente que
    que no es especialmente brillante, para no hacer sombra a los de arriba. Mediocridad y sumisión, eso promociona. Y la gente que vale, una vez que se da cuenta de que realmente no hay voluntad para hacer buena política ,mejorar las cosas y buscar soluciones a problemas complejos, se marcha.
    También coincido en que la sociedad tiene la culpa de esta mediocridad generalizada, porque no exige excelencia en ámbitos clave, entre los que cabe incluir la política.

    ResponderEliminar
  8. Y luego están los tontoútiles. A que no hay huevos de romper una foto del rey en antena!
    Que no? Sujétame el cubata!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todavía hay gente que defiende al rey? Tonto útil es el que rompe la foto o el que le echa? . Jode, tenemos realistas juancarlianos en el blog

      Eliminar
    2. Mi opinión sobre aquel episodio de la foto del Borbón es más que sabida: Si gobernase el corrupto PP (o el PSOE) y me echan, lo hubiera entendido. Pero que alguien del PNV lo haga es incomprensible, lo cual demuestra que dentro del PNV hay quiénes gobiernan pero de nacionalistas solo tienen el carnet.

      Tengo muy claro que un abertzale jamás me hubiese echado.

      Eliminar
    3. Jode...pues mas borbonico que el difunto azkuna no habra en 3254347 km a la redonda!! Y no habeis hecho mas que votarle,alabarle,ensalzarle y elevarle a los altares!! Buff,que ge te!!!

      Eliminar
    4. Azkuna era un jauntxo pseudocosmopolita , demasiado amigo de la gente finolis y hostil a la cultura popular reivindicativa.

      Eliminar
  9. Mediocridad y sentido de la impunidad que crees que hagas lo que hagas te seguirán votando van de la mano. Basta leer la entrevistas de hoy a Aburto y pensar después que semejante elemento ha sido alcalde de Bilbao 12 AÑOS.

    El PNV dejó de ser un “buen gestor” o hace ya años y ahora vive de la inercia …

    Ha poblado las instituciones con gente mediocre, engreída, que ha vivido del carnet del partido toda la vida y, en su arrogancia y falta de ideas o capacidad de trabajo, han empoderado a todo tipo de colectivos malgastando dinero público y ahora les está estallando todo y no saben que hacer.

    Hoy es la inseguridad creciente con los jóvenes Magrebíes cuya llegada también han subvencionado, mañana una política económica sin resultados m, pasado Osakidetza y al otro una educación a la baja. Y mientras aumentan la presión fiscal como única receta alejando de paso a empresas y talento. Euskadi está en declive aunque se intente negar …. Locura es votar y hacer lo mismo, esperando resultados diferentes.

    Toca cambiar, por que de lo contrario, de mantener al PNV a pesar de todo el declive, mediocridad, nepotismo descontrolado que ha corroído las instituciones vascas, de no cambiarles, decía, el PNV ase sentirá aún más impune y el declive de Euskadi se acelerará

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y quien va a parar este declive?. Vox?, Bildu?, el PPSOE?.
      Espera que me descojono.

      Eliminar
    2. Me uno a la conversación y ese es el problema. Yo no puedo votar ni a Bildu ni a los partidos españoles. O me quedo en casa o voto en blanco. Ojalá se creara otro partido nacionalista, transparente y totalmente democrático, pero por ahora es no

      Eliminar
    3. No, pero este PNV tampoco.

      Tal vez un PNV tras haberse purgado en la oposición …

      El camino actual ya sabemos dónde nos lleva.

      Eliminar
    4. Cuando lo de Patxi López ,con el pnv en la oposición, se creó el cancer que tenemos ahora. También la pandemia nos iba a hacer mejores. El partido no tiene remedio, con todo el dolor del corazón. Las siglas no hacen política

      Eliminar
    5. Es un error creer que los partidos son equipos de fútbol cuyos colores debemos de defender siempre. Y en democracia la peor opción es SIEMPRE aquella que estando en el poder se cree IMPUNE a haga lo que haga, por malas que sean las otras opciones. Validar el sentido d de impunidad con tu voto te lleva siempre al declive ..

      Eliminar
    6. Muy bien, y que partido lo soluciona?

      Eliminar
  10. Yo le llamaría al autor de este libro,le contaria lo hecho por Aburto en la Plaza Eliptica y teníamos un Best Seller. Y de portada ,dos fotos.Bailando el aurresku como el Oso Yogui y en el coche on Urtasun,señora de Bañales Regulez.

    ResponderEliminar
  11. Se llama Karma lo ocurrido en Bilbao:

    Aburto es el máximo exponente de un pnv que ha creado y sigue apoyando el mayor efecto llamada per capita a MENAS y JENAS de toda la península y los devastadores efectos que esta teniendo en Euskadi. Aburto como Diputado de Acción Social ya gastaba la friolera de 30 Millones al año solo en Bizkaia: aumentó la red de centro tutelados para MENAs por todo Bizkaia. Ahora votamos PNV y le hacemos alcalde tres veces seguidas y tenemos un Bilbao plagado de jovene ociosos del Magreb.

    Causa y efecto … a seguir votando lo mismo.

    Un ejemplo. Fuente: http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100327/vizcaya/diputacion-gasta-millones-atender-20100327.html

    ResponderEliminar
  12. Hablando de Tontocracia no podemos olvidarnos de Don Eneko Andueza que nos ilustra en VOCENTO con la siguiente perla : BILDU y PNV sólo se preocupan del tema identitario y el PSOE se preocupa por la salud, el empleo y la vivienda. No es literal pero resume el bodrio en el que contrapone prioridad social (la suya) y prioridad nacional (los otros). A mi me parece que en el PSE las ambiciones van más hacia la txistorra y a ver si me llevan a Madrid como a Patxi López. A este señor le dijeron que controlara la "pulsión identitaria" y sigue con la matraca cuando es evidente que su España del alma en esta epoca se descose por otras latitudes. De delegado en Melilla le ponía yo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Utiliza el veneno que puede. Creo que el pse tiene , y siempre ha tenido, más poder que el que le dan las urnas, y la culpa no es suya. La mayoría de los funcionarios han entrado por enchufe socialista en perfiles medio y bajo

      Eliminar
    2. Que el PSOE tenga el morro de presumir de conciencia social es tragicómico. Se vendieron hace décadas; por ejemplo, traicionaron su origen obrerista republicano.A día de hoy, es un partido progre, social liberal, que está al servicio del establishment español.

      Eliminar
    3. Andueza no es mas tonto porque no se entrena. Con un buen manager aspiraria al titulo mundial, como su puta seleccion de futbol.

      Eliminar
  13. Sin cortar un ápice a la libertad de expresión. Me parece que el comentario sobre Aburto y Madrazo ya lo hemos leido 39 veces.
    Lo digo a pesar de estar de acuerdo con el comentario.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Demasiada mordaza informativa hay en Euskadi sobre la industria subvencionada de centros tutelados y otros servicios a MENas y JENAS que ha generado un efecto ad hoc a Euskadi y que nos está destrozando el
      País.

      Aburto era uno de los grandes tontos útiles de este lobby, pero no el único, y este cáncer sigue destrozando Euskadi.

      Eliminar
  14. Este articulo de Tontocracia hace un magnifico retrato de la situación actual. Es de guardar.
    Deberían repartirlo en el Alderdi Eguna.

    ResponderEliminar