El pasado martes 16 de diciembre del año 2025, el Patronato del Museo Guggenheim Bilbao decidió no ampliarlo como Museo Guggenheim Urdaibai a una nueva sede en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, enclave de una gran riqueza ecológica, biodiversidad y valor paisajístico, situado en la comarca de Busturialdea en la provincia de Bizkaia.
Es una gran victoria de la movilización ecosocial de Euskal Herria y de Bizkaia en particular, enfrentada a un proyecto agresivo para atraer turismo masivo, proyecto creado y sostenido por la elite política con su institución principal y mayoritaria al frente: La Diputación Foral de Bizkaia (Bizkaiko Foru Aldundia) el órgano ejecutivo, de gobierno y administración del Territorio Histórico de Bizkaia. Una victoria del movimiento ecosocial que hace recordar a la que, en 1984, paralizó la puesta en marcha de la Central Nuclear de Lemoniz y, con ello, del proyecto de varias más que se pretendían construir en la costa vasca.
El 6 de diciembre de 1984, la Unesco declaraba Reserva de la Biosfera al estuario natural de Urdaibai. Esta figura de Reserva se consiguió tras las denuncias y movilizaciones ciudadanas contra el “Plan especial de aprovechamiento de la ría de Mundaka”, documento de ordenación territorial de la Diputación Foral de Bizkaia (DFB) y el Ministerio de Vivienda de finales de febrero de 1970. El documento pretendía desecar y urbanizar amplias zonas incluyendo la marisma situada en el estuario y todo el territorio hasta la desembocadura del rio Oca en el Cantábrico. El 6 de julio de 1989, el Parlamento Vasco aprobó la Ley 5/1989 de Protección y Ordenación de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai que significaba un régimen jurídico para cualquier actividad que se desarrollara en la reserva.
Esto frenó en parte la degradación de la Reserva, pero no toda. Donde hasta ahora mismo se pretendía construir el Museo Guggenheim Urdaibai, se mantienen en funcionamiento los Astilleros de Murueta (empresa de construcción de buques desde 1943). Hasta su cierre en la década del 2010, funcionaron en Gernika, en las orillas misma del rio Oca que atraviesa todo Urdaibai hasta el mar, tres importantes empresas de cubertería; este tipo de empresas vierten durante los procesos de fabricación y acabado metales pesados como níquel, cromo, plomo, cadmio, zinc, cobre, arsénico, mercurio y estaño , además de utilizar disolventes industriales peligrosos como el tolueno, tricloroetileno y xileno, vertidos que, además de los arrojados directamente sobre el rio, contaminan acuíferos subterráneos y suelos. Hay que añadir la contaminación de los vertidos domésticos. Ha habido mejoras para evitar los impactos de estos diferentes vertidos, aunque quedan bastantes acciones que aún no se han realizado o finalizado. Pero no se ha procedido a la limpieza del cauce del rio Oca ni de la marisma en las que están depositados los vertidos antes citados.
Pues bien, sobre esta delicada situación se ha pretendido imponer, por dos veces (2008, la primera, que se hibernó y 2021 la segunda que se acaba de retirar) el peor de los peligros que un paisaje natural pueda soportar: el impacto de un turismo masificado de la mano de un proyecto como es el Museo Guggenheim Urdaibai.
En Viento Sur hemos mantenido un amplio seguimiento sobre este tema, incluyendo las actividades institucionales, las alternativas sociales y los análisis críticos de diversas personas y grupos. Un detallado y muy riguroso cronograma de los hechos que han ocurrido, elaborado por la plataforma social Guggenheim Stop, puede encontrarse aquí. Y el enlace para algunas de las publicaciones que han aparecido en nuestra web está, a su vez, aquí.
Ramón Zallo, que ha sido importante en nuestros análisis sobre el tema, añade aquí más reflexiones y debates sobre el relato acerca del proceso y de la propia retirada del proyecto.
Fechas y hechos. Hay nueve fechas básicas a recordar:
La primera fecha es 2008 cuando el Diputado General de Bizkaia, José Luis Bilbao (PNV), anunció un segundo museo Guggenheim Bilbao “en discontinuidad”, a ubicar en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, en concreto en el solar que ocupa la singular Colonia de Kutxabank en Sukarrieta construida por Ricardo Bastida. El Gobierno Ibarretxe no lo hizo suyo y el PSE-EE se opuso. La cuestión del turismo masivo, las dudas sobre el supuesto efecto motor sobre la economía comarcal, su más que probable incompatibilidad con la ley 5/1989, de Protección y Ordenación de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y el eventual derribo del edificio de Bastida, centraron la polémica. La crisis económica de 2008 y el cambio de Gobierno en 2009 (con el socialista Patxi López como Lehendakari) hibernaron el proyecto.
Pero el 7de junio de 2021 -segunda fecha- con Unai Rementeria (PNV) como Diputado General y con el nuevo Plan Estratégico 2021-2023 aprobado por el Patronato del Museo, reaparece ya como publirreportaje el proyecto de museo Guggenheim Urdaibai, dependiente del Patronato del Museo Guggenheim Bilbao, pero esta vez con doble sede: una en el corazón de la marisma de la biosfera, en Murueta (donde están hoy los astilleros) y otra en Gernika (en el terreno de Dalia, una antigua fábrica). Habría así tres Guggenheim en Bizkaia, plusmarca mundial. No hubo información oficial, institucional, al respecto, hasta que el diario El Correo, filtró las bases del proyecto, y apenas nada más.
Más adelante se supo que se había solicitado un dossier al estudio de arquitectura neoyorquino Cooper Robertson para el proyecto del nuevo museo Guggenheim en Urdaibai, que, por cierto, terminó siendo una colección de ocurrencias urbanísticas sin conocimiento del terreno, ni proyecto artístico ni arquitectónico. Volvió a filtrarse. A partir de ahí se produjo una sucesión de informaciones sin fuentes (a los diarios El Correo y Deia) que corregían un día sí y otro también, el informe Cooper Robertson para acomodarse a las críticas (accesos, palafito..). Se escamoteó el debate social haciendo que las críticas se tuvieran que basar en información velada, suposiciones y rumores. Se quiso evitar un debate y, desde el comienzo, la falta de transparencia ha sido norma del proyecto.
Tercera fecha. El 18 de octubre de 2024 –tras múltiples actos, artículos, declaraciones, denuncias judiciales …– eclosiona la oposición al proyecto con una masiva manifestación contraria al proyecto en Gernika. Fue convocada por la plataforma Guggenheim Urdaibai Stop, nacida el año anterior; se le sumaron otras plataformas históricas como Zain Dezagun Urdaibai. Asustó a las instituciones.
Aunque siguieron los publirreportajes y declaraciones rotundas, para hacer frente a la marea y en busca de legitimidad, el 26 de enero de 24 –cuarta fecha– el Parlamento Vasco registra una proposición no de ley para elaborar un Plan Económico para Busturialdea, y cuya parte técnica se encomendó a la consultora BMASI.
Y un año después –quinta fecha– el 14 de febrero de 2025 se anuncia un proceso de “escucha activa” (sin compromiso con los resultados) siguiendo la propuesta de Agirre Lehendakari Center (ALC), una consultora independiente que se comprometió a realizar 1000 entrevistas y encuentros con agentes individuales y colectivos de la comarca, con el propósito de desvelar los patrones de las narrativas subyacentes en las distintas franjas de opinión pública comarcal.
El proceso de “escucha activa” generó una importante participación. Ya la primera oleada de resultados en 2025, presentada el 23 de julio –sexta fecha– por ALC, a la espera del informe definitivo de enero de 2026, daba resultados inequívocos. Fue un terremoto. Inclinaba la balanza en sentido crítico sobre tres ideas bastante compartidas y transversales a casi todas las sensibilidades: Urdaibai y la Reserva son un activo a proteger y no un problema; se necesita un plan económico integral comarcal en Busturialdea; y se rechaza basar el relanzamiento de la comarca en el turismo masivo, tras las experiencias de Gaztelugatxe, Barcelona, la parte Vieja de Donostia o la desnaturalización franquiciada del Casco Viejo bilbaíno. La mirada sobre el turismo había cambiado.
Pero el 16 de diciembre del año 2025 –séptima fecha– el Patronato del Museo Guggenheim Bilbao, en declaración solemne y repentina -tras saber que la inmensa mayoría social es negativa para el proyecto- decide cancelarlo a corto y medio plazo. Lo hace con un falso relato -oscurantismo hasta el final- alegando razones tanto inherentes como sobrevenidas, de tipo jurídico, administrativo, urbanístico, judicial y de plazos. Y ello a pesar de que la inmensa mayoría de esas dificultades ya estuvieron en el tablero desde el principio, 2008. Es más, su estrategia era remover de forma arrolladora todos los obstáculos que se interpusieran. Fue una estrategia consciente, pública y voluntarista con el compromiso de poner todos los medios y recursos para superarlas. Por eso el “sí o sí” al Guggenheim Urdaibai.
La octava fecha ha sido la presentación en Gernika el 26 de enero de 2026 del informe final del proceso de escucha de Agirre Lehendakari Center (ALC) sobre la ya frustrada ampliación del Museo Guggenheim a Urdaibai. Un buen informe en el que hay profusión de ideas a reciclar de las que no suelen tomar en cuenta las instituciones, a pesar de que la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, dijo que “aporta claves muy valiosas para seguir avanzando en el impulso de esta comarca” y atender las demandas de sus habitantes. Tan valiosas que no han esperado a conocerlas, verbalizarlas y concretarlas para cancelar el proyecto. Un acto más protocolario que otra cosa. La conclusión más evidente del informe, y que las instituciones pasan por encima, es que la gente no quería el proyecto, sí quiere un plan económico digno de tal nombre, que incluya empleo y vivienda, no esté centrado en el turismo, y sea respetuoso con la Reserva. Ese es el fondo de la decisión de la cancelación y no las otras razones alegadas. La promesa de Etxanobe a futuro “de una información transparente y compartida” tendrá que llenarse de credibilidad.
La novena y última fecha es, la fiesta multitudinaria de celebración por todo lo alto que se celebrará el 7 de febrero de 2026 en Gernika-Lumo. Acaba una fase de la lucha pero no la lucha, que tiene sus “continuará”, en erradicar el astillero, la restauración de las marismas, el plan económico…
Lo que falta en el relato institucional.
En la comparecencia de la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, en comisión de las Juntas Generales del 13 de enero 2026, dio su explicación sobre las razones principales que han empujado al Patronato del Museo a cancelar el proyecto Guggenheim Urdaibai, antes de conocer el resultado final del “proceso de escucha” que se iba a producir en enero.
La explicación pública es un conjunto de excusas mal traídas para no tener que admitir que ha sido la oposición general la que imposibilitaba llevar a cabo semejante proyecto por ir en contra de los deseos de la ciudadanía local. Entre las explicaciones principales de la Diputada, no figura como relevante, el resultado provisional del “proceso de escucha” (solo le dedicó un minuto).
Y ello a pesar de que, salvando las distancias, desde la cancelación de la central nuclear de Lemoiz en 1984 no se había producido un movimiento ecologista y popular con tanto respaldo en Euskal Herria frente a la alianza de poderes políticos, económicos y mediáticos (incluido EITB).
Tampoco figuraban en las explicaciones el peligro de internacionalización del conflicto tras la irrupción de Greenpeace, y de científicos europeos, con el riesgo añadido de que se retiraran las calificaciones RAMSAR o ZEPA o Red Natura, en caso de perpetrarse un museo en un estuario protegido. Tampoco figura el mosqueo de la Fundación Guggenheim Nueva York que entendía que la marca se estaba desacreditando con tanta oposición. Igualmente, no se apuntaron razones electorales, a pesar de que el declive del PNV en la comarca podía llegar a un punto de no retorno de continuar con el proyecto. Todo eso no está.
Y, sin embargo, ha sido una opinión pública mayoritariamente crítica con el proyecto, la que lo ha tumbado. Y no ha sido una opinión cualquiera. Porque no ha sido una victoria de un mero NO sino, al contrario, ha sido la de un SÍ en la defensa de la naturaleza y de un verdadero desarrollo sostenible que la respetara.
Ha sido tan en positivo que las “fuerzas vivas” que han abanderado la posición crítica, la hicieron acompañar de una “Propuesta de Plan Económico y Ecosocial Estratégico para Busturialdea– Urdaibai desde la sociedad civil” (Gernika Gogoratuz, noviembre 2024), discutido a lo largo de un año, con 26 medidas tractoras a 5-10 años, que sí podían haber cambiado la fisonomía económica de Busturialdea, en términos de desarrollo integral y descarbonizado y con un metabolismo equilibrado entre recursos y outputs, en lugar de hollar la naturaleza a lo bestia y de depredar el territorio y modo de vida con un monocultivo turístico.
La ciudadanía comarcal la ha percibido como una amenaza inminente al entorno, al territorio y al modo de vida, por parte de las instituciones encargadas legalmente de defenderlos.
Como no se pueden cambiar los hechos, cambiemos el relato.
No sé si es un axioma o una maldición. Una gobernanza de un proyecto sin transparencia no cabía culminarla con un acto de sinceridad autocrítica y de reconocimiento de la parte institucional. En cambio, siguiendo con los usos institucionales, se ha construido un falso relato para borrar, a base de chorros de tinta de calamar, las huellas del desmán y de los graves errores que le han acompañado a lo largo el tiempo. Y mira que Bizkaiko Foru Aldundia lo tenía fácil para sortear el tema con un mínimo de honor y fair play tras haber abierto un “proceso de escucha”, diciendo: hemos comprendido. Pero lo cierto es que no escucharon antes, ni tampoco después, cuando parecía que escuchaban. El Lehendakari Pradales y la Diputada General de Bizkaia Etxanobe tampoco le escucharon al ex-Lehendakari Urkullu, cuando recomendó una demora de dos años. No se escuchan ni entre ellos. Una sordera congénita a hacerse mirar. Al contrario, nos embolaron un relato increíble para justificarse.
La Ley de Costas, la legislación medioambiental y la tramitación territorial y urbanística para llevar a cabo la creación del Guggenheim Urdaibai son las tres razones principales alegadas por Etxanobe para el cierre, en su comparecencia ante la comisión de Juntas Generales: “siempre se ha intuido que el marco normativo podía llegar a ser un obstáculo insalvable para la materialización de un proyecto singular (…) pero es hoy cuando los estudios realizados han convertido la intuición en certeza y, cuando esto ha sido así, se ha obrado en consecuencia”. Aseguró que el Patronato ya por 2021 “era consciente de las fuertes restricciones a las que el ordenamiento jurídico vigente sujeta todo tipo de actuación en la zona elegida” (El Diario.es, 13-1-26). Por ello, “la necesidad de profundizar en el análisis de los aspectos legales, urbanísticos y medioambientales que inevitablemente han de condicionar su ejecución”, argumentaba.
De ser cierta la argumentación, el nivel de incompetencia llega al grado sumo cuando una institución tarda 18 años en “saber” que el proyecto no era viable.
¿Cuáles han sido en concreto las razones alegadas que han cambiado ese “sí o sí” a un “no”? Etxanobe las ha dividido en tres.
La primera de ellas, las relativas a la legislación de Costas. “El emplazamiento elegido para la ubicación del museo plantea escollos en tres ámbitos: la extensión, que en este caso tiene la servidumbre de protección del dominio público marítimo-terrestre, su posible utilización para instalaciones y actividades distintas a aquellas que por su naturaleza no pueden tener otra ubicación y el estado en el que se encuentra la concesión que en su día se otorgó a la Mercantil Astilleros de Murueta S.A. con destino a la construcción de buques”.
Es bien raro, porque ya habían conseguido reducir la servidumbre de protección de 100 a 20 metros –aunque estaba recurrida con tres demandas en la Audiencia Nacional , además de que el Astillero ocupa sin permisos un gran tramo inundable de dominio público marítimo terrestre–; se recalificó el terreno en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Murueta para acoger actividades menos onerosas que un astillero y está en tramitación; y éste solo estaba a la espera de la ejecución del fin de la extinguida concesión y la ulterior -aunque difícil- negociación de restauraciones y compensaciones con Astilleros, según los tramos de terreno en propiedad pública o privada.
La segunda “traba”, según la consejera es la legislación medioambiental, que protege el entorno de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai y la sujeta a fuertes restricciones, cosa que apenas si se ha modificado desde 1989, por lo que no es una dificultad sobrevenida, sino conocida desde siempre, y que se contaba con torear. En ello estaban a través del juego de mayorías en JJGG, con el argumento de que es Bizkaia el espacio decisional y no Busturialdea. Vamos, lo mismo que nos dicen PSOE y PP de Madrid sobre el derecho a decidir.
Por último, señaló como tercera razón para dejar de lado el Guggenheim Urdaibai, “la tramitación de los múltiples instrumentos de planeamiento territorial y urbanístico que requiere la materialización de un proyecto que afecta a varios municipios, cada uno de los cuales cuenta con su propio planteamiento urbanístico y un plan territorial parcial”. Esto también estaba canalizado mediante la renuncia a planeamiento de los tres municipios afectados (Gernika, Forua y Murueta) en la parte del proyecto mediante el Plan de Compatibilización de 2024, estando en trámite la modificación del Plan Territorial Parcial de Gernika-Markina.
Ciertamente han sido relevantes, además de la decisiva presión y opinión colectivas, las incógnitas sobre las resultas judiciales de algunas judicializaciones populares y los plazos a las que sus resoluciones remitirían (¿2035?), aunque es cosa que se podía haber previsto desde el principio desde los departamentos jurídicos. Recordemos que esas demandas son también parte del arsenal defensivo del movimiento eco-popular y, por lo tanto, remiten a éste y no a la mera aplicación de la ley.
Se preguntaba un juntero “¿qué responsabilidades políticas se van a tomar por todos los errores que ha habido desde 2008 hasta 2025?”. Si hay “cero autocrítica”, ¿por qué “pedir perdón” a la ciudadanía por marearnos con un proyecto insalvable desde el primer momento? Ahí pinchamos en hueso. La rendición de cuentas no es uno de los fuertes de nuestra cultura política, que es más de llamarse andanas.
Ha habido gastos inútiles –salvando la limpieza de la parcela y del acuífero del subsuelo de Dalia-, pero lo peor es que nos han hecho perder tiempo, energía y recursos. Lo más grave es el coste de oportunidad perdido; o sea, la inversión que pudo hacerse y se sacrificó hace casi 20 años –por ejemplo, un plan económico concertado– mientras, al contrario, se apostaba por la quimérica opción de otro Guggenheim donde no se podía hacer. Una decisión radicalmente errónea con los mimbres entonces disponibles.
En suma, es el movimiento eco-popular, por su influencia y arraigo en la opinión mayoritaria comarcal y por sus oportunas y defensivas demandas judiciales, quien ha podido con el proyecto Guggenheim Urdaibai, obligando a las instituciones a cancelarlo. Las explicaciones insostenibles suelen ser, además, de mal perdedor.
Una cosa buena de este proceso puede ser que ahora se esmeren en consultar, revisar y ampliar el contenido del vigente Plan Estratégico de Busturialdea. Por de pronto hay 40 millones disponibles que estaban reservados al Guggenheim y hay unanimidad social.
Bueeeeno …
ResponderEliminarEs una forma de verlo.
La otra: Este proyecto ha sido un TRIUNFO.
Incontestable.
Sus máximo valedores, los dos cachorros Euskayetanos que nos ha dejado Ortuzar, Unai Rementeria e Imanol Pradales han pasado a dirigir BBK y el Gobierno Vasco.
Ahí queda eso.
Las derrotas y chapuzas en Euskadi salen a cuento.
Muy detallado el artículo, pero sólo un matiz. Si los 40 millones estaban destinados a la construcción del Museo, y el museo no se hace, en principio hay que devolverlos. Las subvenciones son finalistas y se deben usar para el fin que se concedieron. Otra cosa que se negocie una “devolución ficticia “ de la subvención y se “ conceda otra “ para los nuevos fines que se pretendan. Las subvenciones son finalistas.
ResponderEliminarLo dice la Ley de Subvenciones. Así que no es tan sencillo gastarlos sin más en otra cosa.
Exactamente el convenio firmado entre el ministerio y la Diputación, dice:
EliminarLa Diputación Foral de Bizkaia, en su reunión del 4 de julio de 2023, aprobó el convenio entre la Administración General del Estado, a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y la Diputación Foral de Bizkaia, de concesión de una subvención prevista nominativamente en los Presupuestos Generales del Estado para el año 2023, para impulsar actuaciones singulares de desarrollo sostenible en el entorno del estuario de Urdaibai.
A través de dicho convenio, entre otros aspectos, se prevén
diferentes actuaciones relacionadas con el medio ambiente en el entorno de Urdaibai. Entre las actuaciones a financiar se encuentran la descontaminación de la antigua fábrica Dalia de Gernika, la descontaminación de suelos del antiguo astillero Murueta y la construcción o el acondicionamiento de diferentes carriles bici en el mencionado entorno.
A pesar de que el convenio recoge actuaciones que en sí mismas podrían ser adecuadas, los puntos seis y siete indican lo siguiente:
SEXTO “…El plazo para su consecución será de seis años desde la firma del Convenio y el coste de ejecución de 40.000.000,00 €,
con cargo a la aplicación presupuestaria 23.12.456C.760 del
presupuesto de gastos del Ministerio para la Transición
Ecológica y el Reto Demográfico de 2023.
Para la financiación de otras actuaciones destinadas a la
ejecución del proyecto de ampliación discontinua del Museo
Guggenheim Bilbao en Urdaibai, la DFB destinará
40.000.000,00 € adicionales.
Por tanto, si damos por hecho de que pueden entrar en la subvención ( para no devolver la pasta) otras actuaciones distintas a la construcción del museo, otro de los condicionantes de la subvención por parte del Estado es que la dipu tiene que poner otros 40 millones.