Pedro Ugarte lo ha titulado "La Ratonera" pero a mí me parece mejor y más expresivo el título de "El Partido de Amama" que, también, podía haber sido el de los Aitites o Aitonas.
Me gusta la descripción que hace de la "ética rigurosa"... del paso a la "ética flexible" y la sustitución de la ética por la táctica. Es una gran verdad. Y sobre todo observando como el PNV marcha a grandes zancadas hacia una pérdida absoluta de identidad. El adanismo, el edadismo, el arrinconar al disiente, la falta de respeto a la cadena, la no valoración de todo lo hecho anteriormente... va a pasarle una gran factura a EAJ-PNV. Y, en efecto, parece que todo empieza con las y los dirigentes actuales (en lo interno y en lo público).
Pero mejor saquen ustedes sus propias conclusiones de éste trabajo de Pedro Ugarte:
"Fue el PNV, en junio de 2018, quien decidió la suerte de Pedro Sánchez y, de algún modo, la nuestra. Pedro Sánchez accedió a la Moncloa cuando el PSOE, Podemos y un variopinto ramillete de fuerzas políticas le permitieron saldar con éxito una Moción de Censura contra Mariano Rajoy. El PNV acababa de aprobar los Presupuestos Generales de Rajoy y fue su cambio de criterio el que decidió la suerte de la Moción.
Desde entonces, y protagonizando toda clase de fenómenos paranormales, Pedro Sánchez sigue en la Moncloa. Perdió las últimas Elecciones; no ha conseguido aprobar en el mandato unos Presupuestos Generales; no aparece por una de las Cámaras legislativas (el Senado), que le es manifiestamente hostil; no cuenta con apoyo para aprobar nuevas leyes; gobierna mediante decreto-ley; sacrifica a ministros leales enviándolos a aventuras autonómicas imposibles; obliga a su Partido a perder más y más poder territorial; coloniza ideológicamente altas instancias del Estado; y tiene a sus espaldas una hilera de responsables políticos, antaño amigos, condenados por corrupción y con franca vocación prostibularia. Orillemos hoy al expresidente Zapatero, por prudencia procesal, o indulgencia moral.
Siendo todo esto conocido, apenas se recuerda la evidencia del principio: Fue el PNV, en junio de 2018, quien decidió la suerte de Pedro Sánchez. Hay que recordar las palabras del entonces portavoz del PNV en el Congreso y actual presidente del EBB: 'La sentencia de la trama Gürtel tiene un indudable impacto y el PNV cambió el sentido de su voto por ética'.
Por alguna razón, la ética rigurosa que guio al PNV entonces se ha convertido en la ética flexible de una pértiga de fibra de carbono. A veces, a modo de autodefensa, el PNV sustituye la ética por la táctica: Si el PP era entonces un pozo de corrupción, ahora es aliado de V 0x. Siendo así, no hay ética que valga. Y aún maneja advertencias retóricas frente a Sánchez pero todo el mundo sabe que no moverá un dedo en su contra.
A medio plazo, el PNV puede ver condicionado su futuro hasta un punto inimaginable: La recomposición del tablero político se ha convertido para la formación jeltzale en una auténtica ratonera. Su conversión al socialismo democrático (y la moderación a la que, a trancas y barrancas, va llegando EH-Bildu) le lleva a competir con partidos similares. Del PSE le separa solo la cuestión nacional; de EH-Bildu ni siquiera eso.
Había una enorme diferencia entre un partido democrático como el PNV y otro que vomitaba falacias cuando ETA asesinaba policías, empresarios, concejales, jueces o periodistas, pero la 'memoria histórica' se está encargando de diluir esa diferencia a velocidad de vértigo. A ello contribuye que la Izquierda Abertzale maneja en exclusiva el decorado simbólico de Euskadi.
El PNV es el partido de la Amama. No importa que la Amama fuera de misa diaria y el PNV se muestre ahora encendidamente abortista: Sigue siendo el Partido de la Amama. Votarle conlleva, para muchos, una suerte de fidelidad sentimental.
El coste de la aventura que emprendió el PNV en junio de 2018 es difícil de calcular. En las últimas Elecciones Generales, perdió más de 100.000 votos. Fue primer partido en Bizkaia (pero con el PSOE pisándole los talones), tercer partido en Gipuzkoa, y cuarto partido en Álava-Araba. Daba pena Andoni Ortuzar, en la noche electoral, haciendo contorsiones para afirmar que el PNV lidera este País.
En un contexto tan complicado, un solo elemento pero de singular eficacia, juega a favor del PNV: Que gran parte de su voto tiene inspiración sentimental, emocional, incluso familiar. El PNV es "El Partido de Amama". Ese naipe poderoso funciona aún sobre el tapete. La prueba es que, del considerable número de votantes que el PNV perdió en las últimas elecciones, una mayoría de desplazó a la abstención, como si, sintiéndose traicionados, se resistieran a pagarle con la misma moneda.
El PNV debe explotar a fondo esa carta emocional porque, en términos ideológicos, ante las otras dos versiones de socialdemocracia, nada de original, renovador, o distintivo puede exhibir. El día en que cambie el inquilino de Ajuria Enea (no antes) los jeltzales se encontrarán (nos encontraremos) en una dramática crisis de identidad. Falta poco tiempo para que eso ocurra pero, en todo caso, ocurrirá."
Oso Ona.
ResponderEliminarSigo a Pedro Ugarte y con frecuencia estoy de acuerdo con sus postulados y otra veces no, pero siempre resulta interesante de leer.
Pedro y sus postulados están, me temo, más cerca de ese partido nacionalista vasco de raíces cristianas humanistas que de este engendro herramienta para interésese de ciertos individuos, sus familias y allegados, sin apenas ideología más allá de un superficial (y letal a la larga para el país) postureo de progresia mal entendida.
En los análisis y artículos de Ugarte se pueden encontrar muchas claves de la deriva del PNV y hacia donde está llevando al país.
Milesker.