Desde que el pasado 5 de octubre de 2026 Pedro Sánchez convocara las elecciones generales, se ha sucedido una cascada de encuestas electorales. La mayoría de ellas, de ámbito estatal y centradas en los resultados del Congreso de los Diputados, han ofrecido estimaciones dispares sobre los resultados del PNV.
Mientras que la proyección realizada por Electomanía a partir del barómetro de octubre del CIS atribuía dos diputados al PNV, otras encuestas elevaban esa cifra hasta los seis. Recordemos que, en la actualidad, el partido cuenta con cinco diputados, representación suficiente para mantener su propio grupo parlamentario, y que en 2023 fue la segunda fuerza más votada en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV).
El problema de estas encuestas es que pueden resultar útiles para anticipar tendencias en el conjunto del Estado, pero tienen más dificultades para ofrecer una fotografía precisa de los resultados en territorios concretos como Navarra o la CAV. Los márgenes de error aumentan considerablemente cuando se desciende al ámbito autonómico o provincial y, por tanto, sus proyecciones deben interpretarse con cautela.
Esta situación de incertidumbre sobre las expectativas electorales se redujo parcialmente con la publicación del Sociómetro Vasco, elaborado por el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco, cuyo trabajo de campo realizó la empresa Ikerfel. El estudio se llevó a cabo exclusivamente en la Comunidad Autónoma Vasca, con 3.485 entrevistas y un margen de error de ±1,7 % para el conjunto de Euskadi.
La estimación de escaños otorgaba siete diputados a EH Bildu, cinco al PSE-EE y cuatro al PNV (dos por Bizkaia, uno por Álava y uno por Gipuzkoa). Esto supondría una pérdida de un diputado para la formación jeltzale, la pérdida de su Grupo Parlamentario propio y el paso de la segunda a la tercera posición política en la CAV.
Esta encuesta se ha convertido en una referencia para partidos y medios de comunicación por la dimensión de su muestra y por su carácter territorial. Sus resultados dibujan una tendencia preocupante para el PNV. Los adversarios del movimiento jeltzale no han tardado en aprovechar esta situación para acentuar la percepción de retroceso. El consultor político Iván Redondo, en una entrevista en Radio Euskadi, y el diario Gara han apuntado incluso a la posibilidad de que el diputado de Álava-aRABA también esté en peligro y que el PNV pueda quedarse finalmente con tres representantes.
Mientras tanto, el 2 de noviembre, en una entrevista en directo en el programa de Ana Rosa, el presidente del PNV se mostraba convencido de que el partido mantendría su grupo parlamentario propio. También reconocía que las elecciones generales son especialmente difíciles para el PNV debido a la polarización política.
Desde el punto de vista de las percepciones y, por tanto, también de la realidad subjetiva que se va construyendo alrededor de estas elecciones, parece haberse instalado una línea defensiva: conseguir cinco diputados se ha convertido en la frontera entre la salvación y el fracaso electoral para el PNV.
Es una actitud defensiva, alimentada por la incertidumbre y por la dificultad de afrontar un escenario de polarización impulsado por las grandes fuerzas estatales. Una polarización que, aparentemente, otras fuerzas abertzales, como EH Bildu, parecen estar sabiendo aprovechar mejor.
Pero ¿Desde una perspectiva electoral y objetiva podemos afirmar que conseguir ese quinto escaño supone un buen resultado para el PNV? ¿Es ese el único dato que debemos analizar para determinar si el resultado es bueno o malo?
Para valorar adecuadamente el resultado de las próximas elecciones generales en la CAV debemos analizar diferentes variables y ponerlas en relación con la trayectoria electoral histórica del partido.
1. Primera variable: El número de diputados.
Debemos partir de una realidad: Los cinco diputados que tiene actualmente el PNV representan su suelo histórico de representación en las elecciones generales desde 1977. Ha obtenido esa cifra en varias convocatorias: 1989, 1993, 1996, 2011, 2016 y 2023.
Cada vez que el partido ha alcanzado ese mínimo ha tenido que afrontar una situación de debilidad electoral, aunque posteriormente haya conseguido recuperar posiciones. Por tanto, repetir los cinco diputados no debería ser motivo de satisfacción automática. Salvo que ese resultado viniera acompañado de otros indicadores positivos, como un avance significativo en porcentaje de voto o una recuperación de la primera posición en Euskadi, no deberíamos considerar que se trata de un buen resultado.
En cambio, la posibilidad de obtener cuatro o incluso tres diputados supondría un retroceso de enorme gravedad. No estaríamos hablando únicamente de perder representación, sino de poner en cuestión una trayectoria de presencia e influencia política que el PNV ha mantenido desde las primeras elecciones democráticas de 1977.
Además, bajar de cinco diputados supondría perder la posibilidad de constituir un grupo parlamentario propio, ya que el Reglamento del Congreso exige, para las formaciones que no alcanzan los quince diputados, un mínimo de cinco escaños y el cumplimiento de determinados requisitos de porcentaje de voto.
No se trata, por tanto, de una cuestión meramente simbólica. Perder el grupo parlamentario propio tendría consecuencias políticas, organizativas y de capacidad de intervención en la Cámara.
2. Segunda variable: El porcentaje de votos.
Desde 2011, el PNV ha obtenido en las elecciones generales una media aproximada del 27,4 % de los votos en la CAV. Esta cifra puede servirnos como referencia para valorar qué debería considerarse un resultado satisfactorio.
El porcentaje obtenido en las últimas elecciones, en 2023, fue del 24,0 %, el segundo peor resultado porcentual del partido desde 1977, solamente por encima del 22,78 % registrado en 1989, en plena crisis derivada de la escisión que dio lugar a Eusko Alkartasuna.
Por tanto, repetir el 24 % de 2023 no debería considerarse un éxito. Sería mantener uno de los peores resultados de nuestra historia reciente.
Obtener menos del 24 % sería un nuevo retroceso, aunque se consiguieran conservar los cinco diputados. Y bajar del 22,78 % supondría perforar el suelo electoral registrado en 1989.
No podemos permitir que la conservación de los escaños oculte una pérdida continuada de apoyo electoral.
3. Tercera variable: La posición electoral.
Independientemente del porcentaje de votos y del número de diputados, también es importante quedar por delante de nuestros adversarios políticos.
Desde 1977 hasta 2023 se han celebrado 16 elecciones generales. El PNV ha sido la fuerza más votada en la CAV en 11 de ellas. Mantener el liderazgo electoral en Euskadi ha sido una de las principales señas de identidad de nuestra trayectoria política.
Quedar en segunda posición no debería ser una buena noticia para el PNV. Los resultados de 2023 ya fueron malos desde esta perspectiva: el partido quedó por detrás del PSE-EE, aunque consiguió mantenerse por delante de EH Bildu por una diferencia de apenas 1.114 votos.
Pero el escenario que dibujan algunas encuestas es todavía más preocupante: Quedar en tercera posición, superados tanto por el PSE como por EH-Bildu.
Si eso sucediera, no estaríamos ante una simple pérdida de escaños. Estaríamos ante un cambio de posición en el liderazgo político y electoral de Euskadi. Para un partido como el PNV, que históricamente ha aspirado a representar la centralidad política y social vasca, sería un resultado de enorme gravedad.
4. Cuarta variable: Los senadores elegidos.
El Senado también debe formar parte de nuestro análisis electoral. En las elecciones de noviembre de 2019, el PNV consiguió nueve senadores, mientras que en las elecciones de 2023 obtuvo cuatro.
La pérdida de representación en la Cámara Alta es otro indicador del retroceso electoral experimentado por el partido. Por tanto, volver a obtener cuatro senadores no supondría una recuperación, sino la consolidación de un resultado muy alejado del alcanzado en 2019. Obtener menos sería todavía más preocupante.
No debemos limitar nuestro análisis a los resultados del Congreso. La representación en el Senado también refleja nuestra capacidad de movilización y de implantación territorial.
5. Quinta variable: El número de votos.
El mayor éxito electoral del PNV en unas elecciones generales, atendiendo al número de votos, se produjo en 2004, cuando consiguió 420.980 sufragios.
Desde 1996, el partido había superado siempre los 300.000 votos hasta llegar a las elecciones de 2016, en las que obtuvo 287.014. En 2023 volvió a situarse por debajo de esa cifra, con 277.289 votos. No hace falta insistir demasiado en que el resultado de 2023 fue muy malo desde esta perspectiva. Bajar de esa cifra supondría profundizar todavía más en la pérdida de apoyo electoral.
Y si, además, se perforase el suelo de 1989, cuando el PNV obtuvo 252.119 votos, estaríamos ante un retroceso de una dimensión histórica.
En resumen.
En 2023, Ortuzar y Esteban trasladaron una valoración de satisfacción con los resultados electorales porque habían conseguido mantener el grupo parlamentario propio con cinco diputados, habían quedado en segunda posición en la CAV, a poca distancia del PSE-EE-PSOE y por delante de EH-Bildu, y habían conseguido frenar a la derecha.
Sin embargo, si analizamos objetivamente aquellos resultados, la conclusión debería ser bastante diferente: El PNV obtuvo el mínimo histórico de diputados de su trayectoria democrática, el segundo peor porcentaje de votos desde 1977, perdió la primera posición electoral en Euskadi, consiguió cuatro senadores frente a los nueve de noviembre de 2019 y registró su peor cifra de votos desde 1989. No parece, por tanto, que hubiera demasiados motivos para la satisfacción.
Ahora parece que volvemos a jugar a repetir los resultados de 2023, convirtiendo de nuevo en objetivo político lo que debería ser considerado un resultado claramente insuficiente. Se está construyendo un nuevo horizonte de expectativas en el que conservar los cinco diputados aparece como una meta razonable y hasta satisfactoria. Espero que no nos sintamos orgullosos por ello: Aunque consiguiéramos ese objetivo, seguiríamos estando en una situación de debilidad electoral. El PNV ha sido mucho más que esto. Y para hacer realidad nuestro proyecto político necesitamos volver a ser mucho más.
Pero lo peor es que, según algunas encuestas, los resultados podrían ser todavía más negativos. Y lo que resulta aún más preocupante es que no parece que tengamos claro por qué estamos perdiendo espacio electoral.
Hablamos de la polarización política que viene desde Madrid y de cómo nos perjudica. Pero me pregunto: ¿Es esta polarización electoralmente más fuerte que los tsunamis electorales de Felipe González en 1982 o de José María Aznar en el año 2000? ¿Es peor que los ataques de la caverna mediática en 2001? ¿Es más determinante que la propia escisión de Eusko Alkartasuna? ¿Y por qué esa misma polarización no parece perjudicar de la misma manera a EH-Bildu?
Quizás deberíamos dejar de buscar permanentemente las explicaciones fuera y empezar a mirar hacia dentro.
Y pienso: ¿No será que hemos pasado de ser un robusto y humilde roble, con unas raíces bien asentadas y capaz de resistir todo tipo de inclemencias, a convertirnos en un bonito, coqueto y delicado bonsay que no aguanta ni el clima del exterior?