El debate sobre la idoneidad de que Euskadi sea sede del Mundial de Fútbol 2030 ha sumado un capítulo decisivo que desvela el verdadero trasfondo de la prudencia institucional: Las más que severas (mafiosas) condiciones impuestas por la FIFA. Sobre la conveniencia de albergar el torneo en San Mamés, el presidente del Bizkai Buru Batzar (BBB), Iñigo Ansola, ha salido al paso para aclarar que el motivo de este análisis son las concretas y exigentes peticiones que el organismo futbolístico internacional ha puesto sobre la mesa para las ciudades candidatas.
Por aquí, cuando se tiene que criticar, se critica pero, cuando se tiene que reconocer que alguien actúa bien, pues se reconoce sin el menor problema y, escuchando la entrevista que concedió Ansola a Bizkaia Irratia, consideramos que acierta de pleno cuando recuerdó que, tras la preselección de San Mamés y el Reale Arena de Donostia en diciembre de 2024, ha llegado la hora de la verdad, que es cuando la FIFA plantea sus condiciones reales. Por ello, con razón defendió que las instituciones vascas deben proceder con la máxima responsabilidad y analizar en profundidad si un evento de esta magnitud tiene un encaje real y beneficioso en el Rerritorio: "Ya veremos cuál es el resultado, si aceptar y avanzar, o si comparado con el esfuerzo que requiere, de verdad merece que el mundial se juegue en Bilbao o Donostia. Tan solo es eso, hacer una reflexión en profundidad, cuando los datos se han puesto encima de la mesa".
Y es que, las exigencias de la FIFA van mucho más allá de lo estrictamente deportivo y afectan de lleno a la gestión pública, la economía y el día a día de la Ciudadanía. Coincidemos totalmente con Ansola cuando detalla que el cuaderno de cargos plantea condiciones financieras sumamente estrictas y un esfuerzo económico que obliga a poner los datos en una balanza. A esto, como sabemos, se suman severas demandas en el sistema de transportes y la obligatoriedad de ceder en exclusiva ciertos espacios urbanos para el uso único de la FIFA. Además, imponen un blindaje total durante la cita mundialista que obliga a las ciudades sede a evitar cualquier otro tipo de evento deportivo, cultural o festivo mientras dure el torneo, lo que podría condicionar el calendario habitual del verano vasco.
Dice Iñigo Ansola que "Son muchas cosas las que hay que poner en la balanza para analizarlo y decidir si puede ser interesante o no. No quiero meter la pata, pero, según lo que sé, la decisión hay que tomarla antes de noviembre, y lo que están haciendo nuestras instituciones en estos momentos es analizar los datos que se han puesto encima de la mesa". Pues no Ansola. Esta vez no metes la pata
Y, ante críticas surgidas desde el corrupto PSOE (infiel socio de gobierno en las principales instituciones vascas en forma de su franquicia vasca, PSE-EE), desde el corrupto PP (que acusan a los jeltzales de falta de ambición y de poner trabas al proyecto), y desde EH-Bildu y Elkarrekin Podemos, Hace bien Ansola en evitar avivar el enfrentamiento político pero, a su vez, marcando territorio de forma contundente al recordar que, al estar en el Gobierno, les corresponde a ellos asumir esa responsabilidad y adoptar la determinación final basándose estrictamente en los datos económicos y sociales.
En claro contraste con las incertidumbres que rodea al fútbol, está bien poner en valor (como modelo de gestión) las finales de la EPCR Challenge Cup y la Investec Champions Cup de rugby que se celebraron recientemente en el estadio de San Mamés y es más que cierto que el mero hecho de que Bilbao haya repetido como sede del rugby europeo demuestra un impacto económico notorio y consolida la marca de un territorio capaz de organizar grandes eventos en equipo y sin los peajes que exige el fútbol profesional como en este caso, la mafiosa FIFA, y decimos eso de mafiosa porque, demostradamente, ha venido comportándose como tal.
