Hoy toca reproducir éste trabajo porque tiene enjundia y, aunque parezca en algún punto reiterativo, puede resumirse en su título: "LOS 21 ERRORES DE LIDERAZGO DEL ACTUAL EAJ-PNV".
En política, la estrategia no es una colección de tácticas dispersas, sino una escalera cognitiva: Cada peldaño construye el siguiente, cada decisión condiciona la siguiente fase, y cada mensaje ordena la percepción pública. Cuando un partido no entiende esta arquitectura mental, queda atrapado en un ciclo de reacción, improvisación y dependencia. La estrategia es anticipación, coherencia y diferenciación; la ausencia de estos elementos convierte cualquier victoria táctica en una derrota estratégica. Y en estas redes está atrapado el PNV en virtud de unas direcciones (a nivel nacional y territorial) muy deficientes, por no decir muy malas. Ni que decir de las testimoniales direcciones municipales. Y es que, si el cerebro no funciona, no se mueve ni el dedo meñique de cualquiera de los pies.
El problema de fondo no es un error puntual, sino un patrón: Un liderazgo que confunde prudencia con indecisión, moderación con ambigüedad y negociación con dependencia. Cuando un partido no fija el marco, lo fija otro. Cuando un partido no define su identidad, otro la define por él. Y cuando un partido no lidera, sigue en una suerte de bucle de atasco. En política, como en estrategia empresarial, leadership is not followership.
El caso más evidente es la relación con EH-Bildu en la actualidad. La falta de diferenciación clara entre ambos espacios genera un efecto perverso: El votante percibe similitud, y cuando dos opciones parecen iguales, la más radical suele crecer más rápido. La escalera cognitiva funciona también en el electorado ya que si no se ofrece un peldaño propio, el votante sube por la escalera del otro. La estrategia no es sumar por proximidad, sino sumar por contraste.
21 errores de liderazgo del PNV (todos redactados en clave estratégica, sin juicios personales):
1. Confundir prudencia con indecisión.
La moderación no es silencio. La falta de posicionamiento claro genera vacío narrativo.
2. No construir una narrativa propia.
Responder a la agenda ajena es renunciar a la iniciativa estratégica.
3. Falta de diferenciación con Bildu.
La proximidad táctica genera confusión estratégica y alimenta al competidor.
4. Dependencia de pactos reactivos.
Negociar desde la necesidad reduce el margen de maniobra.
5. No anticipar escenarios adversos.
El calendario es poder; cederlo es perderlo.
7. Subestimar el impacto simbólico.
La política no es solo gestión: Es representación, tono y presencia.
8. Falta de coherencia comunicativa.
Mensajes contradictorios erosionan credibilidad. Que el presidente del EBB diga que no sabía nada del fichaje del anterior presidente del EBB es una falta de liderazgo muy grave.
9. No aprovechar contextos favorables.
Responder tarde es casi siempre perder.
12. No construir un marco ideológico claro.
Sin marco, no hay identidad; sin identidad, no hay lealtad.
13. Confundir oposición con negación.
La crítica sin propuesta no moviliza.
14. Falta de pedagogía interna.
Un partido sin formación estratégica repite errores.
15. No segmentar audiencias.
Hablar a todos es no hablar a nadie.
16. Falta de liderazgo coral.
Los equipos deben amplificar, no dispersar.
17. No gestionar expectativas.
Prometer sin medir genera frustración.
18. No construir alianzas desde la fortaleza.
Negociar desde la debilidad aumenta la dependencia.
19. No entender la escalera cognitiva del votante.
El electorado necesita peldaños claros, no ambigüedad y sobre todo respetar a un pàsado que identifica. Solo lo nuevo deja al Partido sin raíces.
20. No generar contraste con el adversario principal.
Sin contraste, no hay alternativa.
21. Confundir visibilidad con liderazgo.
Salir en titulares no es liderar; liderar es ordenar el relato. Ni Esteban, ni Pradales lideran.
Conclusiones.
El análisis conjunto revela un patrón: el principal partido no está fallando por falta de votos, sino por falta de estrategia. La escalera cognitiva está rota: No hay narrativa, no hay diferenciación, no hay anticipación. No hay respeto a los veteranos que han hecho una imagen. Y sin estos elementos, cualquier victoria parcial se convierte en una derrota estructural. La política no premia la indefinición; premia la claridad.
El liderazgo no consiste en esperar a que el adversario se equivoque, sino en construir un marco propio. No consiste en parecerse al socio incómodo, sino en diferenciarse de él. No consiste en reaccionar, sino en anticipar. El followership (el seguidismo) con EH-Bildu no solo es tácticamente débil: es estratégicamente contraproducente. Cuando dos partidos parecen similares, el votante elige al que proyecta más frescura y menos corruptelas y nepotismos, no a la copia. La falta de contraste alimenta al competidor.
La solución no es más ruido, sino más estrategia. No es más táctica, sino más visión. No es más reacción, sino más liderazgo. No más prepotencia sino más humanidad. No más selfies sino más concreción. La escalera cognitiva debe reconstruirse desde abajo: Identidad, narrativa (relato), diferenciación, anticipación y coherencia. Solo así un partido puede dejar de seguir y empezar a liderar. Porque en política, como en estrategia, leadership is not followership (El liderazgo no es seguidismo).
