Comenta Xabier Garmendia en El Correo Español que el próximo 7 de octubre se cumplirán 90 años de la constitución del primer Gobierno vasco. Pues bien, ese aniversario, que se celebrará con una amplia programación de actos durante un año, se ha convertido de golpe y porrazo en un nuevo elemento de disputa entre PNV y EH-Bildu, que tratan de barrer para casa reivindicando, cada uno a su forma, el legado del Lehendakari José Antonio Aguirre: unos ensalzando los valores que encarnó, como la paz y la libertad, y otros su capacidad para unir a muy diferentes sensibilidades políticas en su Gabinete.
Ese pulso puede traducirse como, por sorpresa, Pello Otxandiano ha propuesto formalmente que el aeropuerto de Bilbao, ubicado en Loiu, cambie su denominación oficial para incluir el nombre de Aguirre. Es una idea que (como luego expondremos) ya se planteó en su día en círculos internos y cercanos del PNV pero que nunca prosperó. Ahora EH-Bildu la desempolva en un golpe de efecto con el que toma la iniciativa y obliga a Sabin Etxea a retratarse: Si la apoya, la coalición soberanista se anotará un tanto simbólico; si no lo hace, los jeltzales, tendrán que hilar más que muy fino para explicar su negativa.
En su defensa de la propuesta durante el pleno de control en el Parlamento, Otxandiano ha recordado cómo otros aeropuertos del mundo rinden tributo en su nombre a históricos dirigentes políticos. Ha citado concretamente los ejemplos de París (Charles de Gaulle), Nueva York (John Fitzgerald Kennedy) y Barcelona (Josep Tarradellas). No ha mencionado el caso de Madrid, que en 2014 rebautizó Barajas para honrar a Adolfo Suárez. Aplicando esa fórmula, ha apostado por llevar el nombre de Aguirre a la terminal vizcaína para hacer un "reconocimiento a la memoria y a los valores democráticos, institucionales y nacionales que representa» y porque «es una referencia ineludible en este momento histórico".
La iniciativa parlamentaria no se votará hasta después del verano -probablemente en octubre, tras el Pleno de Política General- y, además, sería una mera petición porque la competencia no corresponde a las instituciones vascas, sino al Estado, que es quien gestiona los aeropuertos de interés general a través de la sociedad público-privada AENA. De hecho, existe jurisprudencia reciente que aclara que las comunidades autónomas no tienen potestad para cambiar la denominación de los aeródromos. En 2024, la Justicia estimó un recurso del Ministerio de Transportes y anuló la modificación que había aprobado el Gobierno de la Región de Murcia para dar el nombre del ingeniero y aviador Juan de la Cierva al aeropuerto. En cambio no puso pegas al barcelonés M.H.P. Josep Tarradellas, al de Granada-Jaén, Federico García Lorca, al Seve Ballesteros-Santander, o al entonces Don Quijote-Ciudad Real que, obviamente se ubicaba en un lugar de La Mancha, más concretamente "donde Cristo perdió los clavos" o, dicho de otra forma, en el medio de la nada.

