Con el carlismo mantuvo una relación conflictiva, ya que el nacionalismo vasco lo acusaba de "españolista", y el carlismo, por su parte, acusaba al nacionalismo vasco de "separatista" y "antipatriota". En sus inicios, la relación entre ambos partidos fue de enfrentamiento, posteriormente de cooperación en defensa de los Fueros, como en el caso de la Alianza Foral de 1921, y finalmente de enemistad plena durante la Guerra Civil española.
La historia del PNV está definida por el hecho de mantenerse fiel a un modelo de partido de comunidad en el que tradicionalmente ha existido un ala ortodoxa fiel a los principios de Sabino Arana y otra de carácter más posibilista. Los nombres de dichos sectores han ido cambiando con el tiempo y han dado lugar a diversas escisiones, siendo las más destacables las siguientes:
En 1909 se funda el Partido Nacionalista Liberal Vasco y en 1911 el Partido Republicano Nacionalista Vasco, que se consideran los antecesores de Acción Nacionalista Vasca en la contraposición a la hegemonía del PNV dentro del nacionalismo vasco. Y en 1921 se produce otra escisión en la que el PNV llegó a perder su nombre y quedó dividido en la mayoritaria y más moderada Comunión Nacionalista Vasca y Aberri, que estaba compuesta por un sector más nacionalista e independentista. Se reunificaron en 1930.
Pero, como hemos dicho, de todos los días del año, Sabino Arana decidió fundar el PNV justo el 31 de julio, festividad de San Ignacio, el gran santo vasco. Arana escogió a San Ignacio como el gran referente fundacional de un partido tan religioso como nacionalista, al menos en su origen.
El nacionalismo vasco independentista preconizado por Arana nació en una época de bruscos cambios sociales, culturales y políticos que resultarán trascendentales para la comprensión de la sociedad actual. En vida de Sabino Arana la sociedad vasca estaba influida por diferentes aspectos entre los que se encuentran la caída del Antiguo Régimen, el florecimiento de las ideas liberales centralistas y laicistas, el caciquismo y la imperfección del sistema democrático, la crisis del carlismo tras su derrota militar, la pérdida de los Fueros, la crisis del nacionalismo español y su intento de regeneración, las políticas coloniales y los procesos de emancipación colonial, la generalización de las teorías racistas, los inicios de la revolución industrial, o el surgimiento del socialismo.
Evidentemente nada tienen que ver aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX con nuestros tiempos, ya pasado el primer cuarto del siglo XXI. Pero las formas son las formas y, si siempre se ha respetado el 31 de julio, San Inazio, como fecha a conmemorar, no tiene la menor explicación que dicha fecha se maneje al antojo de los planes vacacionales de los dirigentes de turno.
Ay si Sabino Arana levantara la cabeza!!! Antes de tocar en la puerta de la casa que lleva su nombre, saldrían escopetados como las ratas cuando se hunde un barco.
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