Reconozco que yo no lo recordaba
pero, Miguel Suarez, de Amurrio, me lo ha traído a la memoria. Es un buen
bebedor de cerveza y tiene forrada la garganta de papel de lija. Es de esos
abertzales de los de toda la vida, que me ha dicho que la familia de Galíndez
era de allí, y medio pariente de él, y le ha dolido que este séquito tipo
Yenka, que continuamente nos dice que “la cadena no se rompe” (“katea ez da
eten”) no tenga un asesor histórico para estas “minucias” que antes importaban
tanto y ahora absolutamente nada. Incluso Pradales podría haber hecho Pradales
el gesto pedagógico de haber estado en la Universidad de Columbia, donde
el Lehendakari Aguirre dio clases hace ochenta años, o sacarse una foto donde
estuvo la primera Delegación del Gobierno Vasco, en la Quinta Avenida. Pero
esas son cosas viejas aunque nos digan y repitan que esa cadena no se
rompe, como cuando en el último Alderdi Eguna Ortuzar y Aurrekoetxea nos
montaran un numerito de marketing con argollas que las iban uniendo…. Bla, bla,
bla, bla. Pura vaciedad. Lloran sobre la historia, pero no la hacen.
Pero verle al Lehendakari
descorbatado porque sus asesores le han dicho a la gran violeta que eso es más
guay, y a los yanquis recibiéndole encorbatados y pensando de donde ha salido
este pueblerino, porque la sociedad es así, me hace pensar que los 18 asesores
que ha contratado lo hacen de pena, eso sí, a nuestra chepa.
También me ha llamado la atención
el séquito que ha llevado. No sé qué pintaba la vicelehendakari Ibone
Bengoetxea, que es como el pimentón, cuando no atiende llamadas, no recibe y no
se hubiera mojado ni bajo el chaparrón del jueves. La segunda dama tiene la
obligación de decirle a Gómez Mardones que no puede presentarse por enésima vez
a las elecciones federativas pero, por la extraña razón que sea 8º la que le
hayan impuesto) no quiere aplicar la Ley al respecto sino permitir que el alter
ego del condenado Rubiales, vuelva a presentarse a las elecciones de la
Federación bizkaina de Fútbol. Y sin embargo, allí ha estado calladita con una
cara de complacencia petulante.
Me comentaba un jelkide, de esos
que van y vienen (somos colegas de San Mamés), uno de esos y que viajan
mucho a USA, concretamente a Ohio, que le ha extrañado el anuncio de la
apertura de una nueva Delegación en Washington cuando allí solo hay políticos
ensimismados en sus cosas, de los que dejan abierta la boca a una
audiencia de palurdos pueblerinos, que se ríen de los visitantes de chicha y
nabo y saben que allí no se nos ha perdido nada, pero que lo comercial está en
Nueva York, Boston o California y, si quieres algo simbólico, vete a Boise, en
Idaho, con otra bellota del Árbol de Gernika. Me decía que esa oficina va a
generar un gasto absolutamente innecesario pero que nada se le puede decir al
encargado de estas cosas, el almidonado Ander Caballero, mezcla de ignorancia y
arrogancia, porque es un tipo que no habla con nadie y que tiene a los
Delegados de la época de Urkullu de uñas al impulsar el olvido de lo que hacen
y de lo que han hecho.
Y le he visto a Miren Arzalluz en
ese grupo, como pingüino en Groenlandia. Confieso que no me ha gustado. Respeté
mucho a su Aita y ese toque Arzalluz, en plan paquete, al Guggenheim que
ha sido la excusa para no anunciar nada más que solo un fuego artificial.
Un florero de lujo. Nada más. No sé, pero me gustaba más su Aita cuando decía
No. Ella sin embargo recibirá el 18 de marzo de manos de la Cadena SER el
premio “Arte y Cultura” en su lote de premios “Bilbao a la Excelencia”. Que te
lo den cuando te vas, bien, pero que te lo den cuando llegas, sospechoso. Su Aita
no habría caído en la trampa. Esos premios se dan en beneficio de la imagen de
la emisora, cosa en la que ni entro ni salgo, pero cuando se lo otorguen a la
castañera de la esquina o al albañil del Guggenheim, igual creería en ellos.
Pero no. No me gusta verle a Miren en estas vanidades vacías.
Alguno seguramente me preguntará
que hubiera hecho yo. Ya lo dije. Haberme ido a Kiev y no hubiera sido difícil
que Zelenski me hubiera recibido cinco minutos. Y esa foto vale más que los
selfis que se han sacado los de la caravana milagrosa en una
hamburguesería en Madison Av. O me hubiera ido a la sede de Mercedes en
Alemania, o a Aquisgrán donde se da cada año el Premio Carlomagno en pro de
Europa, o a la tumba de Jean Monnet y de Schumann, padres del acuerdo del
carbón y del acero, y cosas así pero no a Trumpilandia, como ya escribí el otro
día. Átame esa mosca por el rabo.
Todo este viaje de pompas de
jabón sería un bonito tema para que la Oposición preguntara en el Parlamento al
Sr. Caballero, ensimismado habitante de sí mismo, pasmado de su propia
inspiración, con el fin de que los pobres peatones nos enteráramos de que ha
ido este turismo de los nuevos ricos vascos, pero con la Oposición blandita que
tenemos, nada harán. Ya están casi como los de Vocento o los del Grupo Noticias
de Juanjo Baños y sus percebes: Nothing.
No soy capaz de encontrar
utilidad a este viaje egocéntrico y vacío. ¿Qué quieren que les diga?.
Quizás sea un aguafiestas profesional, o esté resentido porque no
me han invitado a llevar la maleta. O porque Leixuri, que sí ha ido (no sabemos
a qué), no me consiga entradas para las nuevas actuaciones que prepara Iturrate
en el Euskalduna. Pero todo se andará.
Por cierto, los bodegueros de
Getaria y los de la Rioja Alavesa también lamentan no haber sido invitados al
viaje USA. El Primer Sector no entraba en la agenda presidencial de Pradales,
con lo que Trump ha anunciado una subida del 200% de los aranceles a tan ricos
caldos. Le van a tener que invitar a una probaketa.

